dilluns, 24 novembre de 2014

Multada por opinar

Han multado a una señora por criticar negativamente un hotel por Internet, se ve que cuando le dieron a firmar el ingreso en el hotel había una cláusula en la que expresamente decía que no podía hacerlo. Ha tenido que pagar una multa de unos 100 euros. 


¡Pues eso dice mucho del hotel! Al final van a vivir de lo que le paguen en multas sus escasos clientes porque está claro que no apetece ser su huésped.


A ver, si ya de entrada ponen una cláusula en la que no puedo hablar de ellos en Internet, parece bastante sospechoso, sobre todo cuando tradicionalmente estos sitios han vivido del boca oreja y de las opiniones de la gente. Bueno, eso es lo que suelo hacer yo, antes de reservar busco todas las críticas que puedo por Internet, me parece una práctica bastante habitual, ¿qué os parece?

diumenge, 23 novembre de 2014

A la porra

Estoy de los nervios, tanto examen y estudio va a acabar con mi paciencia. Tengo claro que lo he elegido y me he metido en este lío yo solita, pero es que dan ganas de mandarlo todo a la porra. Estoy deseando que lleguen las vacaciones para ponerme a estudiar más en serio, no os digo más.


Y después de mi desahoguillo, entre tema y tema de biología, aprovecho para contaros el origen de esta frase que tanto me gusta usar cuando estoy un poco cargada y de los nervios. 


Mandar a la porra proviene, como otros tantos refranes, del ámbito militar. Antiguamente, llevaban un bastón con el puño de plata que se clavaba en un lugar alejado del campamento e indicaba el lugar donde debían ir los soldados que no habían cumplido correctamente con sus obligaciones. Digamos que era una forma de castigo, los mandaban a la porra. Así que a lo largo de los años se ha extendido su uso al ámbito más popular, pero su significado no dista tanto del inicial.

dissabte, 22 novembre de 2014

Una nueva banca (o no tan nueva)

Estoy muy harta de los horarios de los bancos, llevo como dos años que, a no ser que esté de vacaciones, no puedo ir nunca a la sucursal. A ver, dónde se ha visto un horario tan maravilloso, ya me gustaría a mí, eso no es servicio al cliente, es adoración al trabajador.



Por ello, me encanta que cada vez haya más bancos que tengan en cuenta que los clientes no tenemos ni todo el tiempo del mundo ni una paciencia infinita (que levante la mano el que no haya hecho una cola tremenda en el banco), a veces prefiero comunicarme de forma online y no sé ni cuándo fue la última vez que utilicé la cartilla (ahora que lo pienso, no sé ni si la tengo). Bueno, en realidad, con mi economía de nueva rica (o sea, de a ver si llego a fin de mes), no es que vaya mucho de visita al banco, que la cuestión es un poco quejarme.

A ver, me sabe un poco mal porque sé que eso implica cerrar sucursales y que haya menos puestos de trabajo, pero en el fondo pienso que igual esos puestos los ocupan informáticos y gente preparada que da muy buena atención telefónica. En los últimos años han aparecido bancos éticos y algunos muy especializados en banca online. Hace poco vi anunciado uno de nuevo, Banco Mediolanum, aunque resulta que lleva en España como 30 años, y yo sin enterarme. Así que he estado investigando (como soy un poco cotilla): mi opinión sobre Banco Mediolanum y sus oficinas virtuales es muy positiva, encaja muchísimo con lo que espero de un banco, sobre todo en la atención personalizada y en que no me molesten con ofertas inoportuna. De todos modos, me quedo con mi banco, la hipoteca me tiene atada a él hasta que sea vieja, pero me gusta ver que hay iniciativas distintas a los bancos tradicionales.

divendres, 21 novembre de 2014

El nombre del pan

Ayer por la tarde fui a comprar el pan, como hace mucha gente. En mi caso es más raro porque me gusta poco el pan (algo que tiene intrigada a la dietista). Pues eso, entré y la panadera estaba en sus cosas y tardó en percatarse de mi presencia, a mí me da igual, porque me relaja el silencio y era como mi momento zen (imaginaos cómo son mis días). 


Al fin me saludó y le pedí algo sencillo: quiero una de esas barras de pan. Se giró y me dijo el nombre de la barra. A mí qué me importa cómo se llama el pan, qué manía con ponerles nombres, yo siempre he señalado y paso de aprenderme los tipos. Ahí estaba yo, diciéndole, pues sí, una de esas (después de todo mi discurrir mental) y me contesta que no, que esa está tostada. Le pregunto que cuál quiere que coja (por no ponerme a discutir, que no deja de ser pan) y me mete un rollo sobre por qué voy a comprar el pan tan tarde, que a esas horas no me puede aconsejar bien. Ni que me comprara un piso.


Le contesté que a la hora que salía de casa ella todavía no ha abierto y que igual tendremos que acordar a qué hora voy o algún tipo de sistema seguro para que el pan esté en condiciones (por fortuna le hizo gracia, ya la veía escupiéndome en el pan). Total, que ya de paso me compré una coca de anís, por ponérselo difícil a la dietista y hacer feliz a la panadera, que me endiñó un par de panes raros (pero muy ricos, hay que reconocerlo) y no me gasté demasiado. Así que todos contentos.

dijous, 20 novembre de 2014

Tengo a quien parecerme

No hay nada como estar de baja un par de días para darte cuenta de lo bien que se está en casita mientras el resto de gente está trabajando. Me sentí como cuando era pequeña y entre semana iba con mi madre a hacer algún recado (tipo médico) e iba feliz por la calle, con una sonrisa de oreja a oreja, pensando que mis compañeros estaban pringando en clase.



Bueno, pues por lo visto no he mejorado demasiado con los años. Aunque con el modelo paterno que tengo... que desde que se jubiló (ya hace unos 10 años) me llama de vez en cuando para preguntarme si estoy trabajando... y luego viene la puyita: pues yo no, y cuelga. De tal palo tal astilla, no hay duda.



Lo malo ha sido la vuelta. Parece mentira, una se acostumbra a la buena vida tan rápido... y falta tanto para las vacaciones de Navidad...

dimarts, 18 novembre de 2014

Desventuras de un antojo

Ayer tuve un antojo (sin estar embarazada, no os alarméis ni os pongáis en plan viejas). Vi un detallito monísimo, o sea, una chorrada, en una de estas tiendas alemanas a las que no voy a hacer propaganda (como mínimo, de forma gratuita).



Mi adorado marido, que me tiene muy malcriada, me llevó hasta Granollers, en busca de mi regalo perfecto, que había visto anunciado previamente y era mi objeto de adoración desde hacía una semana. Lo encontramos.



De vuelta, en lugar de ir por el camino recto y pagar autopista, hicimos gala del buen hacer catalán, cogimos una carretera al más puro estilo de Mulholland drive: precipicio, oscuridad, curvas y acojone. Subimos a una montaña cubierta de niebla y, cuando ya sentía que estaba metida en una peli de miedo, avistamos el mar. Llegamos sanos y salvos, mareados y con la seguridad de no ser capaces de volver nunca a ese lugar, sobre todo porque estábamos muy desorientados.

dilluns, 17 novembre de 2014

Aseguradoras

Hay que estar enferma para darse cuenta de la actividad telefónica que tiene mi casa. Si no sonó el teléfono la semana pasada como 20 veces no sonó ninguna. Lo más curioso es que eran llamadas de seguros.


Llegué a sospechar que había señales que me indicaban que, económicamente, sería más feliz sin marido, porque todas ellas (no me llamó ningún operador) me daban beneficios extra por muerte del cónyuge. Lo consulté con el roncador, él dice que en épocas señaladas, como en Navidad, las aseguradoras son más agresivas en estas prácticas porque todo el mundo echa de menos a alguien. A mí no me pasa, como no me gustan las fiestas (menos por lo de que son festivos).


Sigo pensando que todo es un complot maligno que pretende acabar con los maridos o, como mínimo, lo parecía. Bueno, el roncador puede estar tranquilo porque me tiene enamorada (hey, pero no bajes la guardia, las aseguradoras están ahí, amenazantes...).
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