dimecres, 18 de juliol de 2018

Sospechas maritales

A veces tengo la sensación de que roncador (sí, vamos a dejarle el nombre, ni que sea por tradición, que no por dedicación) hace las cosas mal expresamente para que no se lo pida nunca más (y señores, no funciona y no cuela).



Sin ir más lejos, sus lavadoras me dan auténtico pánico, porque mete un vestido y saca una camiseta de niño pequeño. Por no hablar de la gama de colores, porque no es que me tiña la ropa, es que está creando una paleta de colores digna del mejor artista pictórico. Igual está buscando su verdadera vocación y yo amargándole a reproches, es eso o lo meto en un circo a mago y prestidigitador (la cuestión es sacarle unos cuartos al problema, porque es evidente que el tema no tiene solución).

dimarts, 17 de juliol de 2018

Amazon prime

Estoy convencida de que esto del Prime Day es un puro gancho y que en realidad no hay buenas ofertas, pero estimados amigos, ¡¡¡que alguien me quite Amazon de las manos!!!

Con el cuento de que hay mega descuentos he buscado todo lo imaginable en su lista de ofertas Prime Day, desde bastoncitos para las orejas a calcetines... y lo más grave es que al final me he comprado 3 libros, unos shorts igualitos a los que ya tengo en otro color (es que me quedan genial), un billetero y un bolso para el roncador: de todo eso, solamente me han hecho descuento en lo que he comprado para él, soy una desdichada y pico en cuanto ponen la palabra oferta.


Y encima, una vez que he pagado la compra me he enterado de que los trabajadores de Amazon están de huelga por pedir condiciones de trabajo más dignas... y ahora no sé si devolverlo todo o darle un abrazo al repartidor. Mi sentimiento de culpa es terrible y aciago en partes iguales.

dilluns, 16 de juliol de 2018

Un nuevo nombre para marido

Después de más de un año sin escribir en el blog mi vida sigue más o menos igual: no he podido acabar con las hormigas, a pesar de que intento mantenerlas a raya todo lo que puedo; al igual que con el resto de plagas de mi jardín, aunque he descubierto que, como con los vampiros, el ajo es un estupendo repelente de bichos (y de amantes, para qué negarlo)... 


Y hablando de ellos, sí que tengo una novedad, el roncador ha menguado sus ronquidos, sin motivo aparente, y ahora habrá que buscarle un nuevo apelativo, para despellejarlo anónimamente en el blog, digo. ¿Alguna propuesta o lo dejamos en marido?

dimarts, 12 de setembre de 2017

Lácteos

A mí nunca me ha gustado demasiado la leche, ni ninguno de sus derivados; pero tampoco ninguno de sus sucedáneos, como leche de almendra, de soja o las muchas variantes. Aunque tampoco entiendo muy bien para qué buscar un sustituto, si no me gusta, pues no la bebo.


Lo peor de todo es que cuando era pequeña en mi casa éramos vegetarianos, con lo que mi dieta estaba reducidísima sin los lácteos, sobre todo en los restaurantes; por no hablar de que casi todos los platos llevan de forma obsesiva queso. Además, en esa época no venía casi nada indicado en las etiquetas, no como ahora, en las que incluso en el maquillaje viene indicado si es vegano o no (no para comérselo, claro, es una cuestión más de conciencia, aunque supongo que también puede ser comestible, ¿no?).

dilluns, 11 de setembre de 2017

Corrector

He tenido que quitarme el corrector del móvil, del ordenador y de todas partes, porque es un ser traidor, que cuando menos te lo esperas te la juega. No tiene bastante con cambiarte todas las palabras, sin consulta previa ni criterio alguno, puesto que el que lo programó tenía conocimientos muy básicos de lengua y por qué no decirlo, también de lenguaje informático; además decide en qué lengua prefieres escribir, ¡pues como si es en sueco, escribo lo que me da la gana! Y después de dos puntos escribo en minúscula, ¡analfabeto!



Y en el fondo no soy muy maniática, el roncador hay días que me escribe con ideogramas... la mayoría de las veces no tengo ni idea de qué dice, pero se lo perdono porque el día de la boda me comprometí a quererle incondicionalmente (y porque me hace la comida cada día).

divendres, 8 de setembre de 2017

De vida

Tengo una amiga que está permanentemente a dieta, solo come cereales con nombres raros y unos zumos con aspecto asqueroso y, a juzgar por su cara cuando los toma, nada ricos. Luego, en plena comida, se me queda fijamente observando, al acecho, y acuciada por el deseo acaba picoteando de todos los platos ajenos (cualquiera le dice que no, da miedo). Claro, ella pide ensalada y algo a la plancha y lo acompaña con lo que yo esté tomando. Y luego me suelta que yo con lo del comer soy muy de vida, un eufemismo para llamarme glotona.

Eso sí, cuando llega el café, a mí siempre me traen sacarina y a ella dos de azúcar. ¡A ver! ¡¡Que yo también mantengo la línea y necesito azúcar!! Me tienen frita con el temita, si yo quisiera estaría hecha una sílfide, es una opción y mi decisión, así que señores camareros, ¡déjenme en paz con el acoso! 

dijous, 7 de setembre de 2017

Errores sin consecuencias

Tras una larga tradición de compras online, sobre todo desde que nos mudamos, he tenido experiencias para todos los gustos y colores; a día de hoy tengo algunas tiendas de cabecera que nunca me fallan y luego están las grandes decepciones. Es curioso, pero lo que tengo más claro es que pueden equivocarse en el envío, puede haber retrasos y cosas varias, hechos que acepto y comprendo, puesto que todos somos humanos, aunque curiosamente esos errores suelan ser a su favor.


Hace relativamente poco, hubo un caso desesperanzador, el roncador se enamoró de unos zapatos y por dos veces nos mandaron la talla equivocada -eso ya es ineptitud, ¿no? Por una vez, podrían enviar dos pares y que su equivocación nos beneficiara, ¿no? Me pregunto qué me pasaría a mí si en mi trabajo me equivocara tan a menudo y además ni siquiera lo reconociera... pues que me iría al paro directamente (sin la menor duda).
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