diumenge, 20 d’octubre de 2019

Abre los ojos

Esta semana, por motivos que no vienen a cuenta, el roncador y yo hemos tenido que compartir vivienda, con lo que había muchos límites y otros menesteres que alborotaban y me rechinaban. Así que, como lo hablamos todo y nos llevamos excepcionalmente bien, le pregunté qué éramos ahora que ya no éramos otra cosa. Tras meditarlo mucho llegamos a la conclusión de que somos familia, y por dentro no puedo evitar pensar que es porque tras tantos años de convivencia, cuando uno y una ha vista al otro y otra cagando, y tras derribar esos muros tan íntimos ya no queda mucho más que ver o conocer.


Entiendo que la gente, tras una ruptura, no vuelva a hablarse; irremediablemente la relación cambia y no podemos exigir lo mismo, así que es como hacer malabares, porque nunca me he guardado nada con el roncador, no voy a empezar a hacerlo hoy. Entonces me pregunto cómo lo vivirá alguien externo, esa persona que se enamore de uno de nosotros, que tenga que aceptar una relación extraña, comprenderla y tolerarla... cómo se le puede pedir a alguien eso. Por ello pienso que un día de estos voy a perder a mi mejor amigo/hermano.

dissabte, 5 d’octubre de 2019

Electrotruños

Me gusta escuchar música, como a la mayoría, me imagino; lo que no soporto es que me obliguen a escuchar la de los demás, ni en el tren ni en ningún espacio por el que transito, y menos esos sonidos indefinidos que salen de los móviles, que ya no sé si es por la mala calidad de los aparatos o por esa especie de desonstrucción de la música (por no llamarle destrucción) que estamos viviendo. A ver, que la música electrónica, en ciertos contextos, no me desagrada: de todos modos, una cosa es música y otra es autotune. 


A veces tengo ganas de recuperar mi viejo órgano Casio que me regalaron unas Navidades/cumpleaños (seguro que mis padres todavía se arrepienten de ello), y ponerme a aporrear teclas y botones, estoy convencida de que me forraba, no le veo yo la diferencia con muchos de los sonidos que llegan a mis  ya casi insensibilizados oídos obligados a soportar esas cosas.

dilluns, 30 de setembre de 2019

Morada para uno

Tengo que contar las cosas que me pasan desde que estoy soltera, porque parece una tontería, pero hay ventajas y desventajas (ahí cada uno que elija):

- Lo de doblar las sábanas, entre dos es mejor, ahora cada vez que me toca doblarlas tengo la sensación de que es un dos en uno, porque además de doblar acabo barriendo todo el suelo. No sé si será lo más eficiente.

- Evidentemente, toda la ración es únicamente para mí solita, aunque no la quiera. En mi casa ya no se comparte nada. Y cuando compras una copa de chocolate o tienes reservado un coulant para momentos bajos, ahí sigue cuando vas a buscarlo.

-  Montar un mueble o colgar un cuadro: eso ya lo hacía antes, así que lo mismo, pero mejor.

diumenge, 15 de setembre de 2019

Sin posdata

Me reconforta, de vez en cuando, ver una película de esas de llorera fácil, de esas en que, como dice el roncador, ponen el sonido de los violines en el momento justo para que se te escape la primera lagrimilla (y sin esos violines no funcionaría la cosa). Pues bien, no hay nada que me moleste más que romper ese momento maravilloso en el que entre sollozos entran las letras del final, con la música adecuada, que prolongan esa desdicha estéril, porque sabes que en cuanto se acabe del todo la olvidarás y no habrá más efectos en tu vida que haberte desahogado. Odio que te corten ese instante, así de tajantes, porque entra publicidad y te corta el rollo.


Y ahí viene la bofetada capitalista que te devuelve a la realidad y te entran ganas de llorar porque el domingo se acaba, algo que siempre me ha angustiado una barbaridad, esa antesala al inicio de la semana, no como los sábados, en los que vivo despreocupada; e incluso los viernes, preludio de la felicidad. ¿Alguien podría hablar con la gente de la tele? No sé quién se encarga de estas cosas, ¿programación? Pues bien, ¡no me corten los finales de las pelis! Lo peor es que estaba viendo Posdata: te quiero... es como si me hubieran dejado sin el te quiero.

dijous, 12 de setembre de 2019

Esa franja de edad

Acabo de abrir el correo electrónico y, por orden, el primer correo era de Gaes y el segundo para una regeneración de oído... como comprenderéis he decidido borrar el resto sin mirar, de pronto me he sentido viejuna. Así que si alguien me había mandado un enlace para transferir a mi cuenta unos millones de euros, aunque solo sea medio millón, avisadme por algun otro medio, que me he puesto radical con el botón de borrar.

¿Será que he entrado definitivamente en esa franja de edad en la que lo más emocionante que voy a recibir por correo electrónico son propuestas de préstamo por parte de mi banco? Porque las de crecimiento de pelo y de alargamiento de miembro, pues de momento como que no me preocupan. Una porque por fortuna heredé un buen pelaje y otra porque hasta la última vez que miré ahí abajo ese no era problema mío (supongo que mi nombre lleva a confusiones, o que son al tuntún).

divendres, 6 de setembre de 2019

Al teléfono

Últimamente he tenido que llamar a muchas empresas que tienen esa manía terrible de ponerte en espera con una musiquita fea, escandalosa, a un volumen demasiado alto y que encima es pegadiza, con lo que además de sacarte de quicio acabas por tararearla durante el resto del día. ¿Qué es lo que pretenderán con ello? Igual es una técnica de marketing para que te acuerdes de ellos, aunque sea para mal, después de todo, dicen que lo importante es que te acuerdes del nombre de la marca, no importa si para bien o para mal (aunque ya tengo alguna en la lista negra y os aseguro que no les interesa que me acuerde de ellas).



Compadezco la gente que tiene que atender esos teléfonos, porque cuando llevas tanto rato esperando es difícil contener la emoción (que no de alegría).



dimecres, 4 de setembre de 2019

Escape Room

Bien, os cuento que en estos pocos días de vuelta del trabajo me he sentido como si estuviera participando en un Escape Room del que no había escapatoria posible (a pesar de que estuve buscando el botón del pánico), ya no solo porque estoy obligada a trabajar (como todo hijo de vecino), también porque el primer día no recordaba ni contraseñas, ni los nombres de mis compañeros ni mucho menos que me cansara tanto esto de socializar y de estar a buenas con todo el mundo; con lo fácil que es en vacaciones sonreír durante todo el día, es que no requiere esfuerzo alguno.



Ahora que he conseguido ponerme al día con todos los correos, y que voy recuperando mis funciones, me he dado cuenta, y esto es muy importante, de que hay un puente en noviembre: ¡Oh, mi salvación!
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