dimarts, 15 de desembre de 2015

Comida mutante

Hay un día mínimo a la semana en el que alguno de los del trabajo tenemos que quedarnos a comer, así que el que más y el que menos va con el tupper, más o menos elaborado. Hay de todo, desde las sobras de mi madre, hasta los que llevan bocadillo y no se ocultan de ello, porque no les gusta cocinar.



Nuestra nevera, dejada de la mano de dios, un día de estos se nos subleva, los hay que en su día olvidaron el tupper ahí dentro y nunca más se supo, al más puro estilo de Cuarto Milenio, y estamos esperando a Iker Jiménez para que venga a investigar el origen de algunos de los contenidos de esos tuppers. Siempre me sorprende la capacidad de mutación de la comida, preferentemente en musgo verde.



Con el paso del tiempo he optado por llevar comida que no necesite refrigeración, no es que sea muy aprensiva, pero una tiene sus manías (en resumen, aprecio mi ya mermada salud, y no quiero tentar la suerte).

4 comentaris:

  1. Buaj...me da mucha cosica la nevera que nos describes, yo optaría también por lo que has hecho tu (o por darle un buen fregao a la nevera, lo malo es que si nadie la mantiene, en unos días estamos igual!).
    Besos!

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  2. Que envidia.
    Y que bocaos le pega a ese bocadillo.

    manolo
    .

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  3. Ay, qué asquito... En mi curro ni hay nevera. Menos mal que nunca como allí. Besotes!!!

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  4. no sé por qué, los tupper siempre me han dado un poco de repelús. prefiero llevarme un bocata o comer en cualquier bar que haya cerca. quizá es porque el tupper me recuerda vagamente a una jarra de plástico que usaba una familiar mía para el agua. no sólo estaba salada debido a la dureza del agua en esa región, sino que además sabía a plástico. ugghhss...

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