dimarts, 30 de desembre de 2014

Confidencias maritales

No sirvo para esposa solícita y abnegada, para eso está el roncador, que suele ser el marido perfecto, menos cuando le da por cantar o roncar (sí, ya sé que lo segundo es involuntario y lo primero probablemente también, pero es molesto). Lo cierto es que a él se le da tan bien, que para qué molestarme y quitarle la primera posición en cuanto a pareja ideal.


Uno de los primeros aprendizajes que tengo de mi madre es que no hay que hacer nada demasiado bien. Supongo que ya os habré contado alguna vez que ella cocina fatal, pues bien, no tengo muy claro si no es una treta para ahorrarse estar todo el día en la cocina, porque la verdad es que es la reina descongelando comida, se le da de fábula y así nos hemos criado, todo ese tiempo que ganó para ella.

En realidad, el nivel de exigencia lo ponemos nosotros mismos. El roncador está obligado a ser el perfecto marido porque todo lo hace estupendamente bien, en cambio, una servidora, con sus imperfecciones, vive la mar de feliz agasajada constantemente. Eso sí, es mi secreto, no se lo contéis a nadie, porque lo negaré.

5 comentaris:

  1. jajajajajajajaja

    guardaremos el secreto!

    Feliz año!!

    yaestoyaquimama.blogspot.com

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  2. Yo no me obsesiono con la perfección, me parece una pérdida de tiempo (pero no le digas a nadie tú que a veces eso me hace ser bastante chafardera, jajaja...secreto por secreto!).
    BESOS!

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  3. es buena esa estrategia! y lo de la esposa solícita y abnegada ya no va con los tiempos en que vivimos...

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  4. Qué lista eres, jodía!! Y yo complicándome por hacerlo todo bien y rápido. Si es que tengo mucho que aprender todavía...
    Besos

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