dimecres, 5 de juny del 2013

Miénteme, que me lo creo

Tengo una memoria de 5 segundos, literal: cuentas hasta cinco y ya está, mi idea se ha convertido en humo y nunca más soy capaz de recordarla. Por ello, no puedo decir una mentira, no porque no quiera, es porque siempre me pillan, se me va de la cabeza en cuanto la digo y no podría sostenerla.



No soporto las mentiras, no llevan a ninguna parte. Aunque, entre nosotros, me encanta que el roncador me suelte alguna mentirijilla, del estilo "cada día estás más guapa"; a pesar de saber que no es cierto, se lo perdono plácida y cariñosamente. En el fondo, es la intención lo que cuenta. Lo que me puede es mentir por omisión, ¡que no decir las cosas es terrible!



Pues sí, mi memoria es un desastre. Mi madre, de jovencita, me compró unas pastillas, a ver si me ayudaban en el estudio, se llamaban Katovit, creo que las retiraron del mercado porque colocaban un poco. Así me iba a mí, que tenía una creatividad desbordante. Por fortuna, me dio por estudiar literatura y ya me iba bien; aunque probablemente olvidaría tomarlas más de una vez. Ya os lo digo, 5 segundos.

dimarts, 4 de juny del 2013

Héroes

A mí, desde pequeñita, me enseñaron que una sola persona puede cambiar el mundo. Tengo unos padres utópicos (y hippies), suelen creer en la bondad natural del hombre y en el poder de la palabra. Y, desde hace tiempo, había dejado de creer en todo ello, en los héroes.


Hace días leí la historia de Dionisio Moreno, un abogado de Martorell que ha conseguido mucho para todos, ha logrado que la Unión Europea obligue a reformar la ley de hipotecas y que los jueces puedan detener los desahucios.


Para mucha gente se ha convertido en un héroe y promete seguir luchando (a cambio de nada, porque no ha cobrado nada por su trabajo). Me quedé con algo que dijo y que muchos pensamos, "Creo que no fueron los mercados, sino los bancos, quienes pusieron precio a los pisos. Y lo hicieron en función de los préstamos que estaban dispuestos a conceder". La cosa no ha cambiado mucho, por mi experiencia personal, pero seguimos inyectando capital a los bancos y confiando en ellos.

dilluns, 3 de juny del 2013

Del tiempo

¿Qué quiere decir alguien cuando pide una bebida del tiempo? porque en verano tiene su punto, pero en pleno invierno... ¿la pedirán con cubitos? Bueno, y en primavera será un cachondeo padre: ahora frío, ahora pasado por agua...



La primera vez que oí esta expresión fue en Valencia y me pareció exquisita. A menudo la riqueza lingüística me sorprende y sacude. Hay muchas cosas que me gustan del tiempo: la horchata, la fruta e incluso el café (no puedo evitarlo, no soporto que queme).



A mí, incluso los hombres me gustan del tiempo (que no temporales, no confundamos, que yo soy muy fiel, siempre el mismo), recién duchados y con una toalla (ay, no, que hablábamos de otra cosa).

diumenge, 2 de juny del 2013

En mi pecera

La vida de un pez tiene que ser muy aburrida, eso sí, de lo más tranquila. A ver, qué es la felicidad sino el deseo de la ausencia de problemas. Pues eso mis peces lo tienen súper controlado: por la mañana les doy su desayuno y me aseguro de que ambos coman (tampoco es que sea muy complicado), les cambio el agua una vez por semana y, hala, a tirar millas (o leguas, que creo que en el mar se mide de otra manera la distancia).


Zipi y Zape (así se llaman)son felices en mi pecera, o eso parece. Están comidos, cuidados y cagados, porque eso lo hacen de maravilla. ¿Alguien ha visto alguna vez a un pez cagando? Es de lo más curioso, no puedo acostumbrarme a que lo hagan tan a menudo y en tanta cantidad (siento el rollo escatológico, es que es sorprendente).



Ey, y lo más escandaloso de todo es que es un gran escaparate, está claro que los peces son unos exhibicionistas natos, porque les encanta que les miren. Bueno, y a la inversa, que muchas veces los pillo observándome y me gustaría saber qué están tramando, que ponen cara de burla (si me los conozco yo a esos dos, que no les puse el nombre porque sí). Ahora que toco el tema pez, querría desmentir una idea preconcebida: tienen memoria, porque saben perfectamente quién les da de comer y a qué hora, que si se me olvida hay días que se quedan los dos mirándome fijamente hasta que me doy cuenta.

dissabte, 1 de juny del 2013

Ser mujer y no morir en el intento

Esto de ser mujer a veces se me hace muy cuesta arriba. A ver, que es terrible ver a una mujer con toda la pelambrera en las axilas (a un hombre también, que conste), pero es que hay que ser muy constante para estar siempre perfecta. Acabas de salir de la esteticista y ya ves cómo está saliendo algún que otro pelito, ¡si es que estás sin pelos 5 minutos! Ahora no os riáis, pero suelo salir con toda la ropa interior llena de cera y luego no soy capaz de que quede nunca limpia (me sale caro, creo que siempre voy ahí con mis peores bragas, no sé qué debe de pensar de mí). Recuerdo que en Italia iba a un centro en el que la chica era alemana y ponía cara de torturadora experimentada. Con mis amigas decíamos que íbamos a las SS, porque solo le faltaba el uniforme y siempre nos hacía llorar; eso sí, salíamos ideales de la muerte.



Tengo una amiga que se arrancaba uno por uno los pelos de las piernas con una pinza, algo que me daba una envidia terrible, porque eso significaba que tenía 4 y bien puestos. A mí me salen mil millones: negros, fuertes y rebeldes (que incluso tengo remolinos). Pero mi problema depilatorio no se detiene ahí, la densidad también importa, porque si me despisto un poco es fácil observar la frondosidad capilar de mis largas piernas (buf, qué mal ha sonado eso, que no es tan exagerado, no es que tenga una pelambrera al estilo bosque y Robin Hood habite en mis extremidades inferiores). Por añadidura, tengo la piel sensible. Con lo cual, durante dos días tengo una rojez terrible y, todavía peor, algún que otro moratón. En resumen, imposible tener unas piernas perfectas.




Y, por supuesto, el día que voy al salón de belleza aprovecho y pido que me hagan la manicura. Nada excepcional, me gustan las uñas cortitas y un tono bien suave. El problema es que la sensiblilidad es extrema, con lo que salgo con las uñas teñidas de rojo por toda la sangre que acabo por derramar (y ahí sí que puedo exagerar). Lo peorcito de todo, que ya estás dolorida, cansada y harta de estar ahí y, entonces, llega la terrible espera a que las uñas se sequen. En serio, no sirvo para ser una mujer 10.

divendres, 31 de maig del 2013

Push up

He hecho un descubrimiento que me ha dejado anonadada. Además de los conocidísimos sujetadores wonderbra, que prometen un busto magnífico y que los muy... (mejor me callo la palabrota) no hacen de mi talla, porque claro, a las que ya tienen pecho había que potenciárselo; hace tiempo que existen las braguitas push up.



Y aquí es donde tengo que hacer una pausa, porque primero de todo, si hacemos una comparativa entre mi culo y la ropa interior, fijo que no usaríamos el diminutivo, llámemoslo por su nombre: bragas. En segundo lugar, ¿¡push up?! O sea, apretuja y sube el culo. No soy muy religiosa, pero... ¡Oh my God! (y en inglés, que suena como más exagerado).



¿Para qué querría alguien hacerle eso a su culo? y, lo más importante, al sentarte, ¿será como un cojín? porque eso sí que me gusta.

dijous, 30 de maig del 2013

Diagnostiasis

Hubo una época en la que mi médico me parecía un hombre interesante, yo diría que atractivo, incluso llevé a mi madre a la consulta, para que diera su opinión; hasta el día en el que tuvo que hacerme un tacto rectal y ahí se perdió todo el glamour que habíamos estado cosechando durante tiempo.

Tengo esta imagen en la retina: ¡esto es un médico!

No era nada, según el urólogo: tres bultitos en el riñón, a los que en un año haremos seguimiento (a ver si antes tengo una enfermedad renal o algo que les parezca más interesante). Porque la profesión de médico tiene eso, que cualquier diagnóstico les sabe a poco y, cuando creen que tienes alguna enfermedad curiosa, les ves en los ojos un brillo especial, en sus mentes ya cosechan los éxitos de sus artículos médicos.


Yo lo denomino la enfermedad del diagnóstico o diagnostiasis (palabra totalmente inventada), porque no dan una, pero se lo pasan genial en la búsqueda. Sin ir más lejos, mi médico de cabecera insiste en que tengo alergia, no sabemos a qué ni intentamos encontrarle solución, así que de vez en cuando tengo fiebre, me ahogo un poquito y, a mi humilde juicio, tengo todos los síntomas de un resfriado; pero no seré yo la que le quite la alegría: me tomo un par de analgésicos y listo.
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