divendres, 31 de maig de 2019

Amor de madre (o de hija)

Mi madre, que no usa una talla ni remotamente parecida a la mía, mientras comíamos, me ha obligado a quitarme la camiseta, se la ha probado, ha decidido que a mí no me quedaba bien y se la ha llevado puesta. Ahora yo llevo una camiseta de colorines, no sé cuántas tallas más grande a la mía, que no es para nada mi estilo, y me pregunto si mi padre se atreverá a decirle cómo le queda la que me ha usurpado. En todo caso, salgo perdiendo, porque sabe que la suya va a ser lavada y devuelta; la mía es irrecuperable, es imposible que se la pueda quitar sin romper algo (sea tela o una costilla).


Creo que tiene un problema de realidad deformada, es anoréxica pero a la inversa, siempre se ve bien. Y lo cierto es que me alegro por ella, más por su autestima, no tanto por toda la ropa que me roba. Aunque debo añadir que a veces, como no tiene criterio, se da cuenta de que no ha acertado con la talla y me cae alguna prenda. No tenemos el mismo gusto, para nada, pero a caballo regalado... yo me la pongo igual. Lo más gracioso de todo es que después de eso me preguntó: ¿Qué quieres hacer ahora? Total, que teniendo en cuenta que acabábamos de intercambiar nuestra ropa como dos adolescentes, me vi haciéndole trencitas y salí corriendo de casa.

dimecres, 29 de maig de 2019

En la lista negra

Decididamente, lo mío está comprobadísimo, soy muy gafe. A ver, si no es así, ¿cómo se explica que el único año en el que me sale a devolver en mi declaración de renta, es el año en el que Hacienda tarda más en hacer las devoluciones? A estas alturas ya me he resignado, aunque sospecho que mi nombre está en una o varias listas negras. Suerte que no me tocó vivir en la época de John Edgar Hoover o cosas todavía peores. De hecho, tengo algo de paranoia cada vez que me apunto en alguna lista, aunque sea de voluntaria en alguna acción cívica.



No bromeo, lo mío es tan intenso que ni siquiera le doy acceso a mi ubicación al móvil, y con la manía que os ha cogido a todos con lo de mándame tu ubicación... si ya te doy la dirección: ¡míralo en un mapa!¡Vago! El roncador dice que por mucho que me niegue y no le dé permisos a Internet a nada, y me lea toda la letra pequeña, no sirve de nada, me tienen fichada. Y lo peor es que sé que tiene razón, sobre todo porque busco cosas rarísimas en Internet, así que incluso la CIA me debe de tener entre sus listas de vigilados, y no es que juegue al despiste, es que tan pronto siento curiosidad por cómo es un bazuca, por si se puede plantar un esqueje de Wisteria (queda mejor que Glicina), que por cómo se hacen las plantillas que me pidió el podólogo. Me los imagino todo locos con mis búsquedas (si lo mío es por dar trabajo, el resto son bobadas).

dilluns, 27 de maig de 2019

Economía creativa

A día 1 de cada mes suelo hacer la compra un poco a lo loco, aunque voy a matizar: me tomo el lujo o capricho de comprar artículos como papel de wc de doble capa, acolchado y a poder ser hecho a mano. A día de hoy, he entrado a mear en la universidad, que tiene sus puertas abiertas, y me he llevado un rollo en el bolso (no lo hacía desde que tenía 20 años). Lo peor es que no me siento culpable por ello, en todo caso, asqueada porque la universidad pública no compre papel de un poco más de calidad. Y pensar que yo he engrosado sus arcas, que visto lo visto, al precio que va el crédito, a tercera carrera que llevo, cobrándome un recargo por ello, ya podrían estirarse un poco. La próxima vez les dejo también sugerencias (e igual me llevo un boli de recuerdo).



Eso sí, tanto estudiar me ha dotado de recursos: con los años me he especializado en cupones, ofertas, buscar productos a punto de caducar, descuentos... y a pesar de ello, a veces tengo la sensación de que me roban dinero del monedero que, por otro lado, no me iría nada mal, igual el seguro me daría algo si me roban (no llamemos al mal tiempo, por si acaso se hacen los locos: lo más probable).

dissabte, 25 de maig de 2019

El opositor

Nunca he entendido esta necesidad de los concursos televisivos en los que es tan importante mencionar a qué se dedican los concursantes, igual tienen un convenio con Hacienda, porque a mí, sinceramente, me importa poco, como si son sexadores de pollos. A pesar de ello, me maravilla muchísimo más el especímen que de profesión menciona ser opositor. Durante mucho tiempo pensé que existía, y no miento, una persona que se dedicaba exclusivamente a intentar aprobar oposiciones (puesto que si se dedica a ello no debe de pasarlas) y que cobra por ello. Debo hacer hincapié en que era muy jovencita e inocente. El mundo real me golpeó en la frente el momento en el que tuve que estudiar las mías, por la que no me pagó nadie, combiné con estudios y trabajo, y encima suspendí (me lo merecía, también lo diré). Porque esa es otra, desde muy temprana edad, empiezo a no recordar el momento en el que no haya trabajado y estudiado a la vez. 


¿Cómo puede permitirse alguien estudiar y no trabajar? Y me parece fantástico que alguien te lo pague, sea el que sea, poder dedicarte al estudio, como un erudito, es mi gran sueño... para ello espero desesperadamente a que llegue mi jubilación, aunque sospecho que no podré permitirme grandes lujos y que como no ahorre un poquito a lo máximo que voy a aspirar es a la lectura gratuita que me aporta la biblioteca, que el saber suele costarme dinero, y el tiempo más. Lo que también me sorprende son aquellos a los que de profesión indican que son funcionarios, estos deben de ser de los que opositaron a costa de otro, porque ninguno de mis compañeros de profesión diría nunca que se dedican a funcionario, algo que va del funcionario de prisiones hasta el conserje de una escuela (más o menos, ¿no?). Es más, el interino también es funcionario, así que ni siquiera tienen que haber pasado una selección de tipo oposición.

dijous, 23 de maig de 2019

zapateando

He llegado a una conclusión muy lícita y reveladora: mi vecina del piso de arriba se pone tacones por el mismo motivo que le da por lanzar sillas contra el suelo, quiere llamar mi atención y no sabe cómo. Pues bien, mi querida conviviente de edificio, hay otras formas y maneras, con el aliciente añadido de que no me ponen de mala leche, sobre todo cuando lo haces a las 3 de la madrugada; y voy a explicártelos.


Cuando me traen un paquete y yo no estoy, puedes guardármelo y en cuanto me lo entregues te propondré compensarte con un café o con un té (lo que te apetezca más), con negarte a abrirle la puerta al cartero no hacemos nada, que el pobre siempre echa las cartas por debajo de la puerta. Luego está el manido saludo cuando me ves, porque lo de esconderte en cuanto me oyes igual me envía un mensaje equivocado, y ya he superado el tema de que tal vez huelo mal (hecho contrastado: huelo bien). Por hoy ya son bastantes aportes, si lo consigues, prometo no vengarme y meterte el zapato por... 

dimarts, 21 de maig de 2019

¡A mí no me quitan los acentos!

Ayer me sorprendió leer una consulta en el perfil de Twitter de la RAE sobre la acentuación de mayúsculas en lengua castellana. Esa norma nunca ha existido y sigo encontrando a gente que todavía duda. Hay personas que tienen sus nombres y apellidos escritos mal porque alguien, muy terco, se ha tomado esa norma inventada como cierta, y os digo una cosa, a tozuda no me gana nadie, siempre y cuando tenga la certeza absoluta de tener razón, y por ese motivo me informo y documento. Así que me molesta que mi interlocutor no lo haga casi nunca.


Este error tan común no solo se da en gente mayor, al contrario, cada vez hay más jóvenes que te sorprenden con esa afirmación. Sin ir más lejos, hace poco más de un año tenía esa discusión con un chico de unos 20 años al que le pedí que acentuara mi apellido y se negó por ser falta de ortografía; y sin tener ningún argumento válido tuve que demostrarle que no estaba en lo cierto (creo que tuvo un cortocircuito). Errores los cometemos todos, y son bien recibidos, siempre he pensado que se aprende de ellos; pero tener que leer que hay gente que acepta que en su DNI no esté bien escrito su nombre y no luche por ello, eso me parece una salvajada: por ambas partes, por parte de la persona que no quiere poner los acentos y por parte del que lo acepta sin rechistar. He tenido que vivir toda la vida con el hecho de que me pusieran trabas porque cuando mi padre fue al registro civil a inscribirme, alguien puso mal mi nombre de pila y, en lugar de hacer una corrección administrativa, hizo un tachón y lo escribió a un lado. Corregir es de sabios y el saber no ocupa lugar (aunque eso tampoco es cierto, pero lo dejo para otro día).

diumenge, 19 de maig de 2019

Sufrir en silencio

Ayer una chica se cayó delante de mí en las escaleras, fui a ayudarla, pero ni siquiera se percató de ello, se levantó de una revolada, sin magulladuras ni signos de dolor, como si fuera de goma, e hizo caso omiso a mis palabras (entre que hablo bajito y que van todos con auriculares, la comunicación es cada vez más difícil). Lo digo claramente, me sentí viejuna. Llego a ser yo y tienen que pedir una grúa para poder levantarme; si bien es cierto que no hace mucho que me operaron, ni siquiera a su edad me hubiera levantado tan rápidamente. Me dio cierta envidia.


Venía de rehabilitación, y no esas chorradas en las que te ponen debajo de una máquina y por experiencia no te hace nada: hacemos gimnasia postural. Tengo agujetas diarias, pero funciona. En clase casi todos estamos operados, así que somos conscientes de que a todos nos duele algo, no protestamos, hacemos tanto como podemos y la profesora nos va corrigiendo uno a uno (somos muy poquitos). Pues esta semana ha llegado una nueva alumna, a cada movimiento parece que la vayan a matar y no puedo evitar pensar que los que menos se quejan son los que realmente sienten dolor (aunque ya sé que el dolor no se puede medir y que cada uno lo vivimos de manera distinta), pero cuando ves que una chica de 25 años, de los cuales se ha pasado desde los 18 con muletas, no abre la boca, sabes que la otra está haciendo puro teatro. Aunque también ayuda que la profesora nos pone límites a todos menos a ella, y eso nos hace sabedores de que, física y objetivamente, lo nuestro es más grave. En resumen, se palpa la manía que le hemos cogido, si fuera un colegio la llamaríamos llorica y seríamos acusados de Bullying: por fortuna, nos controlamos, aunque no nos faltan ganas.

divendres, 17 de maig de 2019

De buen humor

Cuatro veces se ha estropeado el calentador en lo que va de año, ¡cuatro! Y cada vez he pillado un dolor de garganta terrible. Lo peor es que estoy de alquiler y, mientras el propietario no decida cambiarlo, la que pasa frío y maldice sus huesos tendrá que seguir aguantándose. El caso es que no pago poco, y no lo digo a la ligera, puesto que somos propietarios de un piso en otra población y lo tenemos alquilado por muchísimo menos, siendo mucho más grande y con parking. En resumen, que me parece muy de aprovechado poner precios de terrateniente y luego hacer reparaciones chapucillas.


Supongo que el roncador tiene razón cuando me dice que no puedo esperar que la gente me trate igual que lo hago yo, a pesar de que es lo que me enseñaron de pequeña: "trata a los demás como te gustaría que te trataran a ti misma". Y así vamos, cada vez quedamos menos con ese lema, porque la vida nos devuelve a la inversa nuestros buenos deseos. Incluso en los trenes han empezado a quitar los asientos reservados, que no es que se respetaran demasiado, pero en el fondo te daban la potestad de reclamarlos cuando tu estado físico lo requiriera. Y más teniendo en cuenta que mi línea de tren va llena de extranjeros con maletas, a las que les deben de pagar billete, ya que ocupan todos los asientos.

diumenge, 12 de maig de 2019

Apocalipsis Z

¿Soy a la única a la que le da pánico la palabra abrefácil? Me parece una gran falacia, puesto que nada es fácil, y mucho menos si va acompañado de esa palabra. A veces tengo la sensación de que esos fabricantes de ideas fáciles lo único que pretenden es torturarnos y matarnos de hambre, porque suele ir en envases de comida. Si hubiera un apocalipsis haría acopio de tijeras diversas (y de cuchillos), no he dicho de qué tipo, pero todos entendemos que de zombis; sencillamente para poder abrir los consumibles alimenticios.


Seamos sinceros, si hubiera un apocalipsis yo no aguantaba ni hasta el primer anuncio, qué pereza y cuánto trabajo. Con lo patosa que soy me autodecapitaba a la que me dieran algo afilado, si me corto con el abrefácil de las latas, qué no haré con una catana. Sería el piscolabis troceadito de los primeros zombis. Eso sí, sin grandes aspavientos, que lo de holgazana sirve a pesar de que me conviertan en un monstruo comecerebros: a ver si voy a comerme el cerebro de alguien hiperactivo y la liamos.

divendres, 10 de maig de 2019

Luto por una Game Boy

Ayer vendí mi Game Boy y hoy todavía estoy llorando, el duelo es amargo, espero que sea verdad lo que dicen de que el tiempo lo cura todo. Lo que hace la necesidad y haber leído un libro sueco sobre deshacerte de lo que no es importante, porque en la muerte no podrás llevártelo... y estoy empezando a creer en el Valhalla, el infierno (lo otro me parece aburrido), o cualquier otra promesa de vida después de la muerte, porque me siento un poco Marie Kondo de decesos. El caso es que me la compró un padre para su hijo, algo que me hizo tremenda ilusión, porque alguien iba a disfrutar de mi Tetris... luego resultó que tenía 5 años la criatura, así que lo más probable es que acabe defenestrada (adoro usar este verbo tan poco habitual, por tener una definición tan concreta).


Me sorprendió que lo que más le preocupó a ese padre fuera si iba el volumen, porque evidentemente siempre lo había usado sin volumen por no molestar a nadie, ni a mí misma, así que a partir de ahora será el objeto de tortura de otros seres (tendría que haber roto el volumen antes de dárselo). Es que creo que la gente está cada vez más sorda y no le importan los demás. Últimamente oigo las conversaciones ajenas de móvil, a pesar de no llevar el altavoz; y la música que, aparentemente, escuchan con auriculares. El motivo: sordera colectiva.

dimecres, 8 de maig de 2019

Reflejos

Me da risa que en este mundo, hoy en día, sea tan importante el aspecto físico, cuando es lo más fácil y rápido de modificar; si no que se lo digan a la Jet (sea lo que sea), en la que todos parecen seres idénticos, desde el tinte del pelo hasta el tamaño de pecho. Cuando por prescripción médica tuve que ir a la endodoncista, estaba preocupada porque pensaba que me modificaría la cara, mi personalidad, hasta que me di cuenta de que yo no era mi dentadura (eso sí, todavía me persigue para que me lime los colmillos, pero por ahí ya no paso).


Yo me enamoré del cerebro de mi marido, aunque suene a tópico, de su forma de hablar y de argumentar, incluso de rimar (porque me escribía poemas). En todo caso, la parte que más me gusta de su rostro son las arruguitas que se le hacen a los lados de los ojos cuando sonríe, es decir, su sonrisa. El caso es que lo más difícil de cambiar, nuestra esencia, es algo que se cultiva poco, y estoy harta de que la gente me hable mientras admira su reflejo en algun escaparate, aparte de una falta de respeto total hacia mí, en mi interior me entristece que les importe más eso que lo que estamos hablando. 

dilluns, 6 de maig de 2019

Maquinaria pesada

Hace unos días comentábamos con una compañera que nuestros maridos, uno con conocimientos elevados de informática y el otro a cargo de una gran empresa de maquinaria pesada, delante de algunos electrodomésticos, quedaban incapacitados ante la dificultad de encender o comprender dichas máquinas: dícese la lavadora, el lavavajillas, el horno, la aspiradora... Ella argüía que era una cuestión generacional, que les habían educado así; pero yo siempre he sido más partidaria de decir que es una cuestión del cromosoma Y, porque a pesar de contadas excepciones, creo que ningún hombre de mi vida lo ha hecho, incluso mis compañeros de piso, a los que tuvimos que enseñar bien enseñados el segundo día de convivencia.


Mi suegro lo achaca a una cuestión histórica, los hombres salían a cazar y las mujeres se quedaban en casa; pero no me la cuela, que cuando tuvo que quedarse un tiempo el roncador en casa eso no cambió para nada, y se lo hice saber, por tumbarle la teoría. Bueno, algo de razón tiene mi compañera, porque mi padre ni siquiera sabe dónde está la cocina, solo sabe que de ahí, algunas veces, sale la voz de mi madre. Tanto es así, que una vez, que comimos los dos solos, le pedí que recogiera la mesa y me encontré con todos los bártulos en mi habitación (monté en cólera, os lo aseguro).

dissabte, 4 de maig de 2019

Encebollada

Ya he llegado a esa edad en la que cuando tiene que llover alguna parte de mi cuerpo me avisa, con un ligero y molesto dolor constante, creo que lo llaman vejez (bueno, madurita y resultona). Estoy por cambiar de profesión y meterme a meteoróloga, porque últimamente siempre acierto; aunque no me pasa tanto con lo de la temperatura, de hecho, esta primavera me tiene loca, voy todo el día encebollada o desencebollada.


Claro, que igual también tiene que ver con lo anterior, porque empiezo a plantearme si no estaré premenopáusica y en realidad es mi termostato el que anda medio estropeado. Ya os conté lo de mis menstruaciones (que tanto gustó a Facebook y del que todavía espero una explicación), igual las tengo tan seguidas porque se está preparando para el gran final apoteósico (todo esto tendría que explicárselo al médico, lo sé).

dijous, 2 de maig de 2019

La moderna

Llevo toda mi vida con bolsitas de tela plegables en el bolso, algunas de ellas heredadas de mi abuela, algo que en la actualidad me hace muy hipster y moderna, pero hace unos años la gente me miraba cual indigente. Les dio por sacar una ley en la que se tenían que pagar las bolsas de plástico, que a mi parecer es una estupidez, es como si pagando fuéramos más conscientes del problema, pero mira, si funciona... 


Pues desde entonces, en mi patio, no paran de llover bolsas de plástico, no sé si es Dios que no es nada ecológico o es que tengo algun vecino que se deshace de las pruebas del delito. He pensado en hacer un árbol de bolsas o, mejor, un bolso de ganchillo, usando las bolsas como si fuera lana. ¿Eso sería reciclar, reducir, reutilizar o revalorizar? Porque en realidad acabarán haciendo lo mismo que en sus inicios: de bolsa.
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