dissabte, 31 d’agost de 2019

Crossfit

Estoy un poco harta de esto que han venido a llamar Crossfit. Han puesto uno cerca de mi casa y me tienen hasta el moño esos especímenes sin camiseta (porque no hay ni uno que se la deje puesta, a pesar de que les absorbería todo el sudor y estarían más cómodos) dando vueltas a la manzana. Se lo comenté a una amiga, le dije que habían montado un gimnasio muy baratito al lado de casa y se estuvo riendo un buen rato... se ve que es carísimo y cada vez que he sacado la cabeza me ha parecido un lugar más bien parco y escaso. Para mí que es un entrenamiento durísimo orquestado por una dominatrix, y estoy pensando en dedicarme a ello y tener a un montón de hombres revoloteando a mi alrededor (como ahora, que se pasan todo el día corriendo, pero cobrando).


La Iglesia ya lo está explotando: el retorno de El pájaro espino.

El caso es que hablo de hombres porque hasta ahora no he visto a ninguna mujer, creo que tienen miedo de que tanta feromona cause estragos en la convivencia. De todos modos, creo que soy inmune, porque odio profundamente los desodorantes Axe y me contó la misma amiga (es mi informadora en temas de testosterona) que les ponen feromonas, y así mismo reconoció que a ella le gusta y se siente atraída. Algo que me sorprendió tanto que estoy por hacérmelo mirar, creo que mi parte cromañona olfativa está más desarrollada, puesto que a mí me repele, con lo que no debo de estar hecha para preservar la especie... ¿a ver si soy su destructora? Llamémosle anticristo o lo que sea (¿sabéis que eso me molaría mucho?).

dijous, 29 d’agost de 2019

Autoayuda

Me tiene intrigadísima lo de las tallas de la ropa, es que ya ni son orientativas, una pensaría que las 40 lo es en todas las marcas, pero luego resulta que llevas desde la 36 hasta la 42. No lo entiendo, con el auge que tiene la venta online, ya podrían tener algun tipo de convención en la que aquí y en Sebastopol fueran equivalentes. 



No sé si lo hacen para que te sientas gorda o anoréxica, lo que sí que sé es que distorsionan la realidad. Al igual que los espejos de las tiendas, que luego llegas a casa y resulta que te quedarías a vivir en esa boutique para toda la vida, en la que eres una sílfides y todo te sienta de maravilla. Por fortuna, cada vez los comerciales son menos profesionales y ni siquiera te pelotean ni te sueltan la perorata, o ya me tienen montando una tienda de campaña para que sentirme más bella, y déjate de libros de autoayuda.

dimarts, 27 d’agost de 2019

El desembarco

Normalmente no voy a la playa en verano, es lo que tiene vivir en pueblo costero, y en todo caso voy a primerísima hora, antes de ir a hacer la compra. Con lo que me ahorro toda la marabunta de gente que parece que esté tomando la playa, estilo desembarco de Normandía, o así me hacen sentir: primero llega la primera línea defensiva, principalmente los abuelos, que se levantan más temprano; toman posiciones e incluso guardan sitio a la familia, plantando su bandera (quiero decir sombrilla) y creando un perímetro defensivo, lo que viene a llamarse militarmente la cabeza de playa, para más tarde fortificar su zona con el resto de refuerzos (dícese primos, nietos, amigos y el que haga falta).


Y como vengan con pelota y raquetas ya se montan su zona de juegos y barbacoa. En serio, sé que parece que exagere, pero es que me maravilla cómo deben de ir metidos en el coche con tantos complementos. Estoy convencida que más de uno deja al cuñado haciendo guardia durante toda la noche para que no les quiten el sitio. Fijo que se pasan el resto del año entrenando para esos meses en los que conquistan la arena de nuestras playas.

diumenge, 25 d’agost de 2019

Todavía de vacaciones

Mi madre, la jubilada (solo tengo una, que conste), insiste en que el verano ya se ha acabado, y a veces pienso que por fortuna hablo con ella por teléfono y puedo tapar el intercomunicador u oiría a su hija proferir sapos y culebras de su boca. Esta mujer, que me dio la vida, me la está quitando lentamente con sus comentarios. Para que luego digan que la televisión no hace mella en las mentes inocentes, que vienen con lo de La vuelta al coles desde hace 3 semanas y me tienen agobiadísima con el tema. Y ahora cómo le hago entender a mi madre, a su edad, que todo lo que dicen en la tele no es cierto y lo que pasa es que no venden un colín.


¡Todavía me queda una semana! En ese tiempo puede acabarse el mundo, incendiarse mi centro de trabajo, que mi doctora me diagnostique ansiedad causada por una madre desnaturalizada... Qué se yo, las posibilidades son infinitas; pero lo que está claro es que todavía estoy de vacaciones (y de mudanza, claro está).

divendres, 23 d’agost de 2019

La semilla del caos y de la extinción

¿Alguien se ha planteado que esto de los challenger es un método de regulación demográfica ideado por grandes mentes políticas? Seguro que tras ello está una sociedad secreta formada por los más grandes pensadores de esta época, aunque igual se han pasado algo con las copas. Déjate de lo del control de natalidad, ya si eso, proponemos un par de retos virales en la red y ahí insertamos la semilla de la extinción. Es que ni Dios lo hubiera hecho mejor, qué diluvio ni plaga universal. Incluso Darwin estaría de acuerdo, preserva la especie y la mejora, que hay que ser muy tonto para hacer ciertas cosas.



Hace unos días una amiga mía, que es madre, decía de su hijo que ya está bien que le tenga miedo a las cosas, que el miedo también puede ser un mecanismo de defensa, ¡Y LO ES! A ver, si tu hijo quiere tirarse desde un quinto piso a la piscina, que se tire, que no merece vivir y hace tiempo que ya sus neuronas se suicidaron.

dimecres, 21 d’agost de 2019

Invisible

Harta de que mi móvil no reconozca mi huella dactilar ni el tacto de mis dedos, de tener que llamar a mis padres para que suban el ascensor conmigo dentro porque es táctil y pasa de mí, hartísima de las luces en los baños que se activan por movimiento (que me marco cada bailoteo y ni caso) y, por supuestísimo, ¡de las puertas automáticas!


Y ahí no se queda el trauma, que la gente choca conmigo por la calle, estando parada y vestida con colores chillones, como si no existiera, y sé que no soy una superheroína con el poder de la invisibilidad porque intenté colarme en un concierto y me pillaron (claro, que igual los seguratas tienen el poder de verme, pero casi que paso de la teoría, sería rizar mucho el rizo). Y si me meto en un ascensor, siempre hay alguien que apoya su espalda en mí, como si fuera la pared. Un día de estos me convertiré en una super villana y lo van a lamentar todos.

dilluns, 19 d’agost de 2019

5 minutes date

Estaba pensando en montar una secta, así, sin más, porque me aburro (ya os contaré en unos días, en los que moriré de estrés porque ya estaré trabajando y no podré perder el tiempo en tonterías). Estará formada por gente guapa y molona, aunque pensándolo mejor, casi que no, porque si soy su líder igual pierden pronto la pasión por adorarme, a pesar de tener una gran personalidad y otros dotes, claro está, que hoy en día la imagen lo es todo, o me diréis que cuando conocéis a alguien lo primero en lo que os fijáis son los ojos, ¡venga ya!¡¿Y el culo?! Casi mejor que sea alguna cosa al azar, montar un 5 minutes speed date, en el que los candidatos irían contándome su vida en 5 minutos, más por pereza que por hacer un casting en condiciones, y así también les creas la ilusión de que los has elegido, y no como sucede en estos eventos, en los que hombres y mujeres marcan todos los nombres porque así seguro que hacen match con alguien y les sube la autoestima, no por iniciar un gran idilio.


De todos modos, creo que voy a pasar, no consigo ni que me siga nadie en Instagram, así que mi poder de convocatoria debe de ser muy limitado... eso sí, exclusivo. Además, me traería mucho trabajo, yo soy más de que me den órdenes y de trabajar poco, así que sentar las bases teóricas de una secta me absorbería toda la energía. Lo mío va más en la línea de una frase de Bill Gates que versa: "Siempre escogeré a un vago para hacer un trabajo difícil... porque encontrará una manera sencilla de hacerlo", y ese es mi mantra.

dissabte, 17 d’agost de 2019

Tocar la gaita

Hay dos instrumentos musicales, y todos los que se deriven, que cada vez que los escucho pienso que los ideó alguien con los peores vecinos del mundo, porque solo pudieron ser creados para la tortura auditiva: el acordeón y la gaita. Sé que ambos tienen sus fans y estoy convencida de que hay una tesis psicológica sobre el tema, porque tiene que haber alguna explicación, aunque derive en trastornos graves de la conducta (del que los escucha y del que los toca, por supuesto). Algun tipo de afán de venganza perversa o bien una madre preocupada por las tendencias sociópatas que, ante el desprecio total y la cruel indiferencia de su hijo, intenta subsanar esos comportamientos con una afición menos nociva, como la música, y el niño qué va a elegir... no sé, no soy una experta, pero algo de todo ello hay.


Si es que la gaita tiene toda la pinta de un gallo desgañitado, literal, es como ponerle la miel en los labios al niño. Soy consciente de que mi imaginería es abundante, esperpéntica y más bien cruel, pero no me negaréis que tiene cierta lógica oculta (al igual). Por si no lo habíais pensado: qué os parece la carita de buen nene que tiene Hevia, ahí tiene que haber alguna cosilla. Con el acordeón ni entro al trapo, solo con pensar en lo que pesa ya me parece evidente el suplicio y la congoja que acarrean.

dijous, 15 d’agost de 2019

Familia monoparental

A quince días de que se acabe el mundo, o sea, de volver a trabajar, os comunico que estoy en pleno traslado de domicilio y más estresada que antes de empezar vacaciones. En lo que tienen mucho que ver: los días que pasé con mi madre en el pueblo; y, por supuesto, los devenires de mi hipocondríaco progenitor (la parte buena es que ya he conocido a varios médicos casaderos). Creo que llegados a este punto tengo que contaros que mis padres están felizmente casados (bueno, tolerados) y que el hecho de que la mitad del año vivan separados es circunstancial, relacionado con cuestiones climáticas, y muy difícil de explicar, pero es así y no los voy a juzgar a estas alturas, el caso es que les funciona -eso si mi madre no se lo carga en cuanto vuelva del pueblo, que la vi muy interesada en los venenos para ratas; a pesar de que yo le recomendé la instructiva película "Extraños en un tren".


Así estoy, otra vez empaquetando mi vida, que ya me podrían hacer tarifa plana o VIP los de las mudanzas (de vacaciones todos y todavía no he encontrado empresa). Lo mejor de todo es que Shana, la gatita que acogí hace unos meses, tímida, sumisa y, como diría una amiga, discapacitada (ella lo achaca a deformación profesional y empiezo a pensar que tiene razón), va a convivir con mis otras dos gatitas en casa del roncador (no voy a contaros qué he hecho con él, pero estaremos solitas, os dejo en suspense durante unos meses). Vamos a ser una gran familia monoparental, y ya me podréis llamar la loca de las gatas.

dilluns, 5 d’agost de 2019

Cosas de esperar la muerte

Os va a parecer muy extraño, pero de jovencita me preocupaba morirme en una situación incómoda, de hecho todavía, en esos días en los que no me ducharía ni me cambiaría de ropa (benditos domingos), acabo haciéndolo por si me pasa algo y tengo que acabar en urgencias (aunque ya sé que la belleza de los médicos nunca es equiparable a las series de médicos). Luego descubrí que el pelo y las uñas seguían creciendo después de muerto, con lo que me relajé un poco, y ya al pensar que expulsas todo lo sobrante, se me fue la paranoia y el trauma.


No sé quién debió de meterme esas cosas en la cabeza, aunque que mi madre siempre se preocupe de mi ropa interior justo cuando tengo visita médica me da un posible indicador. Y el caso es que no he conseguido conjuntarla desde que tengo uso de razón, de hecho, nunca me he comprado un conjunto, así que es pura anarquía. Por fortuna, no es habitual que mi madre me acompañe a ninguna revisión ni a nada parecido, así que lo dicho, a relajarse y a esperar la muerte peluda, desaconjuntada y pasando de todo.

dissabte, 3 d’agost de 2019

Oruga contraataca

Lo mío con las orugas ha ido a peor: tengo un limonero, producto de haber plantado el pipo de un limón en un tiesto, con lo que es como un hijo para mí, lo he visto nacer y crecer, para que llegue un desalmado, con muy malas intenciones, y no deje de comerse sus hojas. El caso es que pensaba que era alguna otra plaga, ya que la oruguita esconde sus excrementos y aparte de los mordiscos no deja otro rastro. 


Tuve que estar al acecho durante un buen rato para encontrarme con un especímen del tamaño de mi dedo índice, de un verde maravilloso y bien alimentado, incluso me dio miedo. Sé que tiene que haber más, ese animal no estaba solo, parece una operación encubierta y muy bien estudiada, no descarto que sea una banda de gusanos, con una gran capacidad de camuflaje. De verdad, me los imagino como el de Alicia en el País de las Maravillas, pero fumando mariguana, cerveza en mano, y mofándose de mí a mis espaldas.

dijous, 1 d’agost de 2019

Las colas

Hay un tema del que hace días que me apetece hablar, pero es de tal sensibilidad que me da muchísimo reparo: las colas del supermercado. Hace uno días estaba entre varios carros, esperando a que me tocara el turno, con mis 2 bolsas de patatas (arrebato del que hablaré en comedores compulsivos de bolsas de patatas anónimos o en adictivo glutamato de las pelotas anónimos, también), así que en mi interior había cierto sentimiento de rechazo y de culpabilidad cuando ocurrió un hecho insólito, me dejaron colar... viendo esos carros llenos de cosas útiles entré en barrena, solté las bolsas y salí corriendo. Ese episodio me perseguirá de por vida y lo peor es que me creó tal ansiedad que deseé con más fuerza mis patatas de bolsa. Estoy intentando pasarme a otros vicios más sanos, como las zanahorias, pero no acaba de funcionar el tema, no sé por qué será.



Bueno, que me desvío del tema, como siempre: las colas del supermercado. Nunca sé qué hacer cuando abren una nueva caja y sueltan eso de pasen ordenadamente, es demasiada responsabilidad, cómo saber qué va a hacer el de delante; así que acabo por no hacer nada y me quedo paralizada, aunque en realidad es una opción. Luego están los que se cuelan sistemáticamente en cuanto ven que se forma una cola, he llegado a la conclusión de que es una enfermedad, como la cleptomanía, pero no quita que me ponga de muy mala leche y me entren ganas de darles collejas educativas.
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