dilluns, 19 d’agost de 2019

5 minutes date

Estaba pensando en montar una secta, así, sin más, porque me aburro (ya os contaré en unos días, en los que moriré de estrés porque ya estaré trabajando y no podré perder el tiempo en tonterías). Estará formada por gente guapa y molona, aunque pensándolo mejor, casi que no, porque si soy su líder igual pierden pronto la pasión por adorarme, a pesar de tener una gran personalidad y otros dotes, claro está, que hoy en día la imagen lo es todo, o me diréis que cuando conocéis a alguien lo primero en lo que os fijáis son los ojos, ¡venga ya!¡¿Y el culo?! Casi mejor que sea alguna cosa al azar, montar un 5 minutes speed date, en el que los candidatos irían contándome su vida en 5 minutos, más por pereza que por hacer un casting en condiciones, y así también les creas la ilusión de que los has elegido, y no como sucede en estos eventos, en los que hombres y mujeres marcan todos los nombres porque así seguro que hacen match con alguien y les sube la autoestima, no por iniciar un gran idilio.


De todos modos, creo que voy a pasar, no consigo ni que me siga nadie en Instagram, así que mi poder de convocatoria debe de ser muy limitado... eso sí, exclusivo. Además, me traería mucho trabajo, yo soy más de que me den órdenes y de trabajar poco, así que sentar las bases teóricas de una secta me absorbería toda la energía. Lo mío va más en la línea de una frase de Bill Gates que versa: "Siempre escogeré a un vago para hacer un trabajo difícil... porque encontrará una manera sencilla de hacerlo", y ese es mi mantra.

dissabte, 17 d’agost de 2019

Tocar la gaita

Hay dos instrumentos musicales, y todos los que se deriven, que cada vez que los escucho pienso que los ideó alguien con los peores vecinos del mundo, porque solo pudieron ser creados para la tortura auditiva: el acordeón y la gaita. Sé que ambos tienen sus fans y estoy convencida de que hay una tesis psicológica sobre el tema, porque tiene que haber alguna explicación, aunque derive en trastornos graves de la conducta (del que los escucha y del que los toca, por supuesto). Algun tipo de afán de venganza perversa o bien una madre preocupada por las tendencias sociópatas que, ante el desprecio total y la cruel indiferencia de su hijo, intenta subsanar esos comportamientos con una afición menos nociva, como la música, y el niño qué va a elegir... no sé, no soy una experta, pero algo de todo ello hay.


Si es que la gaita tiene toda la pinta de un gallo desgañitado, literal, es como ponerle la miel en los labios al niño. Soy consciente de que mi imaginería es abundante, esperpéntica y más bien cruel, pero no me negaréis que tiene cierta lógica oculta (al igual). Por si no lo habíais pensado: qué os parece la carita de buen nene que tiene Hevia, ahí tiene que haber alguna cosilla. Con el acordeón ni entro al trapo, solo con pensar en lo que pesa ya me parece evidente el suplicio y la congoja que acarrean.

dijous, 15 d’agost de 2019

Familia monoparental

A quince días de que se acabe el mundo, o sea, de volver a trabajar, os comunico que estoy en pleno traslado de domicilio y más estresada que antes de empezar vacaciones. En lo que tienen mucho que ver: los días que pasé con mi madre en el pueblo; y, por supuesto, los devenires de mi hipocondríaco progenitor (la parte buena es que ya he conocido a varios médicos casaderos). Creo que llegados a este punto tengo que contaros que mis padres están felizmente casados (bueno, tolerados) y que el hecho de que la mitad del año vivan separados es circunstancial, relacionado con cuestiones climáticas, y muy difícil de explicar, pero es así y no los voy a juzgar a estas alturas, el caso es que les funciona -eso si mi madre no se lo carga en cuanto vuelva del pueblo, que la vi muy interesada en los venenos para ratas; a pesar de que yo le recomendé la instructiva película "Extraños en un tren".


Así estoy, otra vez empaquetando mi vida, que ya me podrían hacer tarifa plana o VIP los de las mudanzas (de vacaciones todos y todavía no he encontrado empresa). Lo mejor de todo es que Shana, la gatita que acogí hace unos meses, tímida, sumisa y, como diría una amiga, discapacitada (ella lo achaca a deformación profesional y empiezo a pensar que tiene razón), va a convivir con mis otras dos gatitas en casa del roncador (no voy a contaros qué he hecho con él, pero estaremos solitas, os dejo en suspense durante unos meses). Vamos a ser una gran familia monoparental, y ya me podréis llamar la loca de las gatas.

dilluns, 5 d’agost de 2019

Cosas de esperar la muerte

Os va a parecer muy extraño, pero de jovencita me preocupaba morirme en una situación incómoda, de hecho todavía, en esos días en los que no me ducharía ni me cambiaría de ropa (benditos domingos), acabo haciéndolo por si me pasa algo y tengo que acabar en urgencias (aunque ya sé que la belleza de los médicos nunca es equiparable a las series de médicos). Luego descubrí que el pelo y las uñas seguían creciendo después de muerto, con lo que me relajé un poco, y ya al pensar que expulsas todo lo sobrante, se me fue la paranoia y el trauma.


No sé quién debió de meterme esas cosas en la cabeza, aunque que mi madre siempre se preocupe de mi ropa interior justo cuando tengo visita médica me da un posible indicador. Y el caso es que no he conseguido conjuntarla desde que tengo uso de razón, de hecho, nunca me he comprado un conjunto, así que es pura anarquía. Por fortuna, no es habitual que mi madre me acompañe a ninguna revisión ni a nada parecido, así que lo dicho, a relajarse y a esperar la muerte peluda, desaconjuntada y pasando de todo.

dissabte, 3 d’agost de 2019

Oruga contraataca

Lo mío con las orugas ha ido a peor: tengo un limonero, producto de haber plantado el pipo de un limón en un tiesto, con lo que es como un hijo para mí, lo he visto nacer y crecer, para que llegue un desalmado, con muy malas intenciones, y no deje de comerse sus hojas. El caso es que pensaba que era alguna otra plaga, ya que la oruguita esconde sus excrementos y aparte de los mordiscos no deja otro rastro. 


Tuve que estar al acecho durante un buen rato para encontrarme con un especímen del tamaño de mi dedo índice, de un verde maravilloso y bien alimentado, incluso me dio miedo. Sé que tiene que haber más, ese animal no estaba solo, parece una operación encubierta y muy bien estudiada, no descarto que sea una banda de gusanos, con una gran capacidad de camuflaje. De verdad, me los imagino como el de Alicia en el País de las Maravillas, pero fumando mariguana, cerveza en mano, y mofándose de mí a mis espaldas.

dijous, 1 d’agost de 2019

Las colas

Hay un tema del que hace días que me apetece hablar, pero es de tal sensibilidad que me da muchísimo reparo: las colas del supermercado. Hace uno días estaba entre varios carros, esperando a que me tocara el turno, con mis 2 bolsas de patatas (arrebato del que hablaré en comedores compulsivos de bolsas de patatas anónimos o en adictivo glutamato de las pelotas anónimos, también), así que en mi interior había cierto sentimiento de rechazo y de culpabilidad cuando ocurrió un hecho insólito, me dejaron colar... viendo esos carros llenos de cosas útiles entré en barrena, solté las bolsas y salí corriendo. Ese episodio me perseguirá de por vida y lo peor es que me creó tal ansiedad que deseé con más fuerza mis patatas de bolsa. Estoy intentando pasarme a otros vicios más sanos, como las zanahorias, pero no acaba de funcionar el tema, no sé por qué será.



Bueno, que me desvío del tema, como siempre: las colas del supermercado. Nunca sé qué hacer cuando abren una nueva caja y sueltan eso de pasen ordenadamente, es demasiada responsabilidad, cómo saber qué va a hacer el de delante; así que acabo por no hacer nada y me quedo paralizada, aunque en realidad es una opción. Luego están los que se cuelan sistemáticamente en cuanto ven que se forma una cola, he llegado a la conclusión de que es una enfermedad, como la cleptomanía, pero no quita que me ponga de muy mala leche y me entren ganas de darles collejas educativas.

dimarts, 30 de juliol de 2019

Rarezas zapatiles

Mi madre tiene un problema perceptivo con sus pies, en realidad son muy pequeños y tendría que usar una talla 34, pero suele comprarse la 36 o 37, es más, ha llegado a ponerse alguno de mío, un 39. Dice que así va más cómoda, aunque en realidad debe de ser como ir bailando todo el tiempo. Es algo que me parecía incomprensible hasta que conocí a una amiga con la que siempre mirábamos zapatos y me di cuenta de que no le importaba mucho el tallaje, indistintamente se probaba entre el 36 y el 38. 


A título personal creo que no puede ser nada agradable tener el pie bailando dentro del zapato, o al menos cuando he intentado mirarme un 40, porque ya no quedaban de la mía, así lo he sentido. No sé, no me parece que sea como un pantalón, que puedes apretar con un cinturón, y solo se me ocurre imaginármelas con 7 calcetines (aunque sé que no es el caso). A veces la miro y me la imagino como una geisha, a la que han obligado a llevar tallas más pequeñas, pero a la inversa. Igual con los años se le ha ido haciendo más grande, vete a saber.
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