dimecres, 3 de juny de 2020

Tradiciones maternas

Hoy me he puesto el sujetador porque sabía que venía el repartidor y una es muy pudorosa; el caso es que me he dado cuenta de lo feliz que soy vistiendo ropa cómoda y ancha. Mi educación férrea materna no me permite salir a la calle en chándal, mira, hay madres que tienen otras cositas, la mía no va a misa, pero tiene un concepto de la moda que ninguno podemos saltarnos bajo peligro de sartenazo. 


Lo de arreglarlo todo a golpe de sartén fue una tradición que instauró mi abuela el día en el que su marido, mi abuelo, sin querer (o eso querríamos pensar), se le escapó el hacha mientras cortaba la leña y le pasó el filo demasiado cerca a la matriarca. La susodicha esperó varias horas, en las que elaboró uno de los platos favoritos de mi abuelo y, cuando este estaba de lo más concentrado en su degustación, la otra le arreó el sartenazo más ruidoso que se haya escuchado en toda la contrada. Y ya no sé nada más, mi madre nos echó de la sala a mi hermana y a mí, pero nadie tuvo que ir al hospital. A todo esto, no me han traído el paquete.

dilluns, 1 de juny de 2020

In my dreams

Ayer me preguntaron a qué lugar me gustaría viajar cuando se pueda volver a hacerlo. Me pareció una pregunta cruel, teniendo en cuenta que no pongo ni el pie en la calle. Para mí, el lugar más maravilloso del mundo es Oporto, pero también es verdad que los lugares suelen llevarme a recuerdos, y allí pasé unos de los días más felices de mi vida; a pesar de que el lugar donde dormíamos daba a la calle, aunque me llevé mis queridos tapones -sin los que no podría vivir, antes porque compartía lecho con el roncador y ahora porque lo hago con La Comunidad y con gata (que es como si fuera un viejo con enfisema pulmonar, y ya, cuando se pone a soñar, eso es Dolby surround).



En fin, que Oporto es una de mis ciudades favoritas, por la gente, el entorno, los azulejos, el Duero, la comida, la artesanía... por todo. Aunque lo repito, los lugares van acompañados de gente y de sensaciones, a veces no quiero volver a esos parajes que guardo como tesoros en mi mente por miedo a que se desvanezcan.

dissabte, 30 de maig de 2020

La geganta del Pi

Llevo dos días con una tortícolis que me está matando, no puedo afirmar ni negar nada porque mi movimiento de cabeza está limitado a una única posición, parezco la Geganta del Pi, que solamente se mueve de forma rígida y como en círculos (abajo os pongo imagen ilustrativa, aunque son otros gigantes). 



Mi madre, cuando le he dicho que hoy no haría ejercicio para hacer algo de reposo y ver si mejoraba, me ha recomendado que no lo hiciera;  a pesar de que mi experiencia me dice que no debo hacerle caso nunca, he seguido su consejo, y ahora me estoy planteando si no debería tomarme un relajante muscular o algo parecido (aunque con mi urticaria crónica ni lo intento, que iba a ser peor el remedio que la enfermedad). Total, que el resultado ha sido que no puedo ni levantarme del sofá, algo que de normal no sería un problema grave si no fuera que tocaba limpiar el lavabo (uy, qué penita). Además, con el traslado no encuentro la esterilla ni todos los cojines que tengo de semillitas que se calientan en el microondas, así que Gata, viendo el percal, ha decidido tumbarse entre mis cervicales y el reposacabezas del sofá, y me está dando tanto gustillo que las dos nos hemos puesto a ronronear.

dijous, 28 de maig de 2020

Asuntos de familia

Padres me usan como terapeuta oficial para su relación, y os aseguro que nunca una hija debería estar en esa tesitura, por cosas de las que no querría estar informada y porque ya bastante tengo con lo mío. Ahora les ha dado por llamarme a escondidas el uno del otro, algo difícil en plena pandemia: Madre lo hace cuando Padre se ducha; y Padre aprovecha la compra en el supermercado de Madre. Esta semana me toca lidiar con el tema peluquería, puesto que Madre es la mujer más terca del mundo y cuando se le mete algo entre ceja y ceja no cesa hasta conseguirlo, así que por mucho que Padre esté preocupadísimo por el tema, no voy a usar mis dotes de encantadora de serpientes para sacárselo de la cabeza, voy a usar mi don para el bien, pero para un bien asequible y que tiene más que ver con mi bienestar emocional, porque eso sería un imposible (sobre todo porque ella contraataca con que a mí me iría bien un corte de flequillo y no me apetece abrir esa caja).


Eso sí, él tampoco se queda corto, se ve que ya se puede echar la Bonoloto, algo muy necesario en este país, promover al máximo el juego (pero esa es otra caja con la que tanpoco voy a meterme). Y algo que me afecta directamente a mí, ahora que los noticieros deben de hablar menos del Corona, es que le han recordado que estamos en temporada de declaración de Renta, y yo el año pasado me planté y les dije que estaban exentos y que no iba a hacérsela más, que me costaba más tiempo y dinero que lo que les devolvían. Ah, el hombre no acepta un no, ya me ha llamado no pocas veces para que le tramite el número para entrar online, a lo que me niego, porque ni sabe ni tiene Internet, así que todo volvería a mí, como un ciclo eterno. Al final lo he remitido a Hacienda, que les llame y les pida un borrador si quiere, aunque se va a quedar en agua de borrajas, igual que el año pasado, si no se la hago yo, él no va a mover un dedo. Así que gastamos saliva y energía para nada (o para desquiciarme).

dimarts, 26 de maig de 2020

Mi linda gatita

Se me va el sueldo y el tiempo en recoger las heces de Gata, porque tú ves esas defecaciones y piensas en un Rottweiler enorme, y no, es esa pequeña criaturita, de mirada dulce y cándida. Bueno, tampoco nos pasemos, que los gatos tienen ese punto psicópata, que nunca sabes si van a lamerte o a arañarte. Y para el caso, a veces viene a ser lo mismo, porque debo reconocer que Gata nunca me ha arañado, pero me pega unos lametazos en la cara, que ríete tú de cualquier exfoliación, un día de estos cobro entrada, como esa gente que mete los pies en peceras y dejan que unos pececillos les exfolien la piel muerta (a mí me da algo de grimilla, y en cierta ocasión salí a toda velocidad de un lago justamente porque los peces, que no eran tan pequeños, me dieron miedo, y no fue por la peli Tiburón, que nunca he visto, ni veré).

Lo cierto es que tengo la sensación de que Gata piensa que yo también soy gato, ahora le ha dado por mordisquearme el moño. Ya no sé dónde empieza ella y dónde acabo yo. Eso sí, me da tanto amor y compañía, que se lo perdono todo.

diumenge, 24 de maig de 2020

Dudillas y mascarillas

Con todo este tema de las mascarillas, a una, que es de pensamiento inquieto e inquisitivo, por no decir socrática, le surgen algunas preguntas -mira que me gusta esto de hablar de mí misma en tercera persona, da como cierta notoriedad; o rasgos esquizofrénicos, al gusto del consumidor-. Lo de las tres horas de uso, a mí como que no me convence, porque no es lo mismo uno que respira a lo Darth Vader, por no hablar de los que sufren de halitosis (ahora más que nunca la sufrirán en sus propias papilas olfativas).


Por otro lado, si te viene un estornudo -que hoy en día causa el mismo efecto entre el público circundante que si llevaras una granada de mano y le arrancaras el pasador-, me pregunto qué debes hacer: para mí la respuesta más lógica, aunque asquerosilla, sería estornudar con la máscara puesta, dando apoyo con el codo (por si saliera algo); sin embargo, como no tengo ni pajolera idea, igual es mejor quitársela e ir directamente al codo o sobaco. Por cierto, mi otro médico me comunicó que ni chocar el codo ni tocarse a lo lejos con el pie, el nuevo saludo es al más puro estilo Namasté, que no hay ni roce ni acercamiento alguno (o sea, como si mueves un poco la cabeza a modo de saludo y dices ¡Hey!).

divendres, 22 de maig de 2020

¡Insonorización!

Como profe tengo una característica que suele ser común a mi profesión, y es el acumular y guardar mierdas que nadie quiere, porque somos los reyes del reciclaje y del reaprovechamiento (o sea, un síndrome de Diógenes como una catedral bien llena). Como tal, en las tiendas suelen guardarme cajas y hueveras... y ahora, en mi nuevo piso, en el que las paredes son de papel, querría haber recopilado todas esas hueveras y empapelar la pared, porque no puedo más con los ruidosos vecinos, y dicen que insonoriza. Pero claro, si no me viene el paleta para un escape del baño de hace tres meses por la situación actual (aunque hayamos aguantado estoicamente las obras del ático, que se ve que se rigen por otra normativa), no vendrán para insonorizarme esas dos paredes, ¡ojalá!


No son solo las actividades habituales, es que son argentinos, digamos de naturaleza pasional, y tienen un tono de voz como 7 octavas por encima de la mía, conste que una vez mi compañera de trabajo me acusó de que gritaba flojito (todo ello entre risas, pero hecho que demuestra que hablo más bien flojito y que suelo ser sigilosa). Duermo con tapones y ahí tengo clavada su voz, que me sé su número de la Seguridad Social y el pin de la tarjeta (con eso os lo digo todo). Ya en las actividades más deportivas (dícese del follar), parece que vienen calmándose; ahora él lo suple tocando a horas intempestivas una batería silenciosa, de la que solamente oigo el golpetear de las baquetas, afortunada de mí, y con eso me tiene el cerebro taladrado. Luego tengo sueños que parecen guiones para Quentin Tarantino, en las que alguien muere con varias baquetas clavadas en diversas partes del cuerpo, unas más sangrientas que otras.
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