divendres, 5 de juliol del 2013

A pierna suelta

Con estos cambios de temperatura voy como loca, tan pronto quito la manta, como la vuelvo a poner. Reconozco que soy bastante friolera e, incluso, en veranos muy calurosos, necesito taparme con una sábana.


Ahora he optado por sacar una pierna fuera, supongo que así equilibro la temperatura. El caso es que todas las mañanas tengo una pierna congelada y la otra calentita. No sé si es la mejor solución. Igual tiene relación con el dicho dormir a pierna suelta.



En realidad, dormir es lo importante. Esto me recuerda algo que me contó mi madre: comer muchas aceitunas por la noche da muchas pesadillas. El caso es que creo que me lo dijo porque soy una adicta, pero lo cierto es que hace tiempo que están vetadas por la noche, porque luego no puedo dormir tranquila, ya sea por autosugestión o porque era verdad (tiene razón el roncador, voy de una cosa a otra sin ton ni son).

dijous, 4 de juliol del 2013

La llamada

Nunca he sido muy niñera, soy la típica amiga a la que todas le dan el niño, como si yo supiera qué quieren ellas que haga yo con el crío. Me lo ponen en los brazos y yo lo sostengo un rato con cara de ¡¿por qué a mí?! 



No lo entiendo, todas saben que nunca he sentido la llamada (le pusieron este nombre porque una a una se han ido convirtiendo en madres). Lo más curioso es que suelo gustar a los bebés, creo que notan que me acojono y se apiadan de mí.



No creo que tenga instinto maternal, es más, cuando me dan al niño suelo pensar que se me caerá o que pasará alguna desgracia. ¡Si saben que soy una patosa nata!

dimecres, 3 de juliol del 2013

No tocar

El dicho sostiene que la curiosidad mató al gato, pero ¿y lo aburrido que debe de ser no tener ganas de descubrir cosas nuevas? Para mí, no tener inquietudes sería como dejar de vivir.



Siempre me han dado risa los carteles de "No tocar", que incitan al más cauto a investigar. A veces, he pensado que los pone alguna mente perversa, que quiere tentarnos. ¿Quién no ha sentido esa sensación que te embriaga y te recorre la punta de los dedos?¿Ese deseo de hacer lo contrario de lo que te dicen?



¿¡Por qué no arriesgarse!? ¿Qué es lo peor que puede pasar? Bueno, en un museo tal vez os echen una súper bronca y os carguéis alguna pieza valiosa (mejor no toquéis nada que parezca muy valioso, por si las moscas). Me refiero más a probar cosas nuevas, a no tener miedo al cambio. De pequeña me enseñaron que para llegar al futuro hay que abrir muchas puertas y tomar un montón de decisiones, probablemente me equivocaré, pero el camino es lo más bonito. Lo cierto es que no cambiaría ninguno de los errores de mi pasado, porque soy así como consecuencia de ellos.

dimarts, 2 de juliol del 2013

After Earth

A mí, me van mucho las pelis de acción como Fast & Furious, aunque la gente no suele creerme, creo que no soy prototipo de chica tuning (ni siquiera tengo carné de conducir, por no hablar de que no me sienta bien ese tipo de ropa, en lo que sí coincido es en que me gustan los calvos); pero me permiten no pensar en nada y me mantienen atenta durante todo el largometraje. Lo más curioso, estos chicos no se caen nunca del coche, que salen volando a gran velocidad, ningún problema, aterrizan de pie o sobre otro auto.


Hablando de pelis de acción, ayer vi After Earth y tengo que decir que, a pesar de que al roncador no le gustó en absoluto, a mí tiene un punto que me enganchó. Tal vez me gustó porque me dejaron maravillada los trajes que cambian de color, sobre todo porque parece que con ellos no hay que ir nunca al baño ni ducharse, aunque a mí me parece que los malos se mueren porque no soportaban el olorcillo, que muy buenos rastreadores no serán si no lo detectan a la primera (una duchita de vez en cuando no hace daño).


Ya sé que es una peli, pero a mí estos pequeños detalles me parecen esenciales, que mucho futuro y mucha leche, pero los hábitos de higiene son muy importantes -no digo nada del arma, porque ahí me parece un símbolo claramente fálico, pero a veces se me va la olla.

dilluns, 1 de juliol del 2013

Lateros

Estaba una paseando por twitter cuando topé con algo que me hizo pensar: una advertencia de la Guardia Urbana contra la compra de latas a los vendedores ambulantes o lateros (creo que los llaman así).


Con esta foto me entra pipi, ¿a vosotros también?

Lo que me llamó la atención fue la campaña tan maravillosa de marketing que montaron, porque el peligro no estaba en la multa ni en que venden de forma ilegal. Le supieron dar la vuelta y nos advertían de la poca salubridad de beber de esas latas, puesto que las guardan en almacenes sucios (que no siguen ningún control sanitario) y, lo más asqueroso, a mi parecer, y que nunca me hubiera imaginado,  es que suelen tenerlas colgando o bajo las tapas de las alcantarillas, con la doble función de estar escondidas y de estar más fresquitas; incluso decía que las tenían en contenedores de basura.

Recordad: hay que reciclar.

Seguro que se os ha quedado la misma cara de asco que puse yo. No suelo comprar esas latas, sobre todo porque soy muy catalana y sale muy caro, pero ahora tengo una razón de peso para que ni se me pase por la cabeza.

diumenge, 30 de juny del 2013

Recordando algo bonito

Cuando vivía en Florencia (sí, una es muy versátil y culo inquieto), solía pasar largas horas en los museos. Antes tenía mucho más morro (he dicho mucho más porque el roncador insiste en que todavía lo tengo)y me inventé que estaba haciendo una tesis sobre la relación entre las obras de arte y la literatura y, para ello, necesitaba visitar los museos con asiduidad.


¡Qué vergüenza!

Todo ello no se lo conté a la frutera, claro está, se lo expliqué, detalladamente, a una catedrática encantadora que me facilitó una carta que me permitía entrar, de forma gratuita, a todos los museos estatales.



Creo que he pasado mañanas enteras ante La Venere de Botticcelli, es impresionante. Pero mis momentos de máxima felicidad fueron observando la Madonna col bambino de Filippo Lippi. Todo el mundo habla del síndrome de Stendhal, yo sabía perfectamente en qué época vivía, pero tanta belleza siempre me ha desbordado. Lo confieso, en los museos suelo llorar.

dissabte, 29 de juny del 2013

Vivir en pareja

Esto de vivir otra vez en pareja tiene sus cosillas, buenas y malas. Lo cierto es que puedo decir muchas cosas positivas: me lleva el desayuno a la cama; la compra pesa mucho menos porque no me deja cargar peso (puntualizo: no estoy embarazada, que ya os conozco); me da otro punto de vista de las cosas; hablo mucho menos sola, algo que ya empezaba a preocuparme; cada vez que me quejo me pregunta y se preocupa (el pobre todavía no sabe que quejarme es como quien practica un deporte); y, rompiendo tópicos, siempre deja la tapa del wc bajada...



En cuanto a lo malo, nada que no sepáis: los ronquidos (insoportable, y el otro día se me rompió el tapón y todavía tengo la sensación de que tengo espumilla en la oreja); acumula cosas encima de la mesa, bueno, las apila, que parecen esculturas verticales; los platos sucios se acrecentan en la cocina, porque todos sabemos que para comer un yogur hacen falta 6 cucharas y, como mínimo, un plato; mientras ha hecho frío la manta ha resultado ser más corta de su lado que del mío y me he despertado más de una vez toda destapada; y del mismo modo, su lado de la cama siempre es más pequeño y por ese motivo yo duermo en una esquina...



Dicho esto, soy feliz. Soy algo menos gruñona y sonrío más a menudo. Así que el balance es muy positivo. Eso sí, me encantaba vivir sola.
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