No soy nada metódica: un día se me olvida regarlas, el otro lo hago dos veces... Ni siquiera sobreviven los cactus. Recuerdo una vez que me duró bien poco, de la tienda a casa. Supongo que había oído hablar de mí (porque las plantas son muy chismosas) y decidió acabar con su vida, en cuanto me di cuenta, se había succionado hacia dentro, algo rarísimo, como si fuera un globo deshinchado. Por otro lado, parecen atraer a todas las especies de oruga que existen: no puedo quejarme, al menos hay vida en mi balcón.
Mis favoritos son los rosales, lo aguantan todo. Menos las nevadas, qué rabia que me dio. Los únicos que siguen con vida son mis tulipanes, que pasé de contrabando desde Holanda, en plena adolescencia, cuando todos mis amigos iban cargados de otras sustancias, y yo sufriendo por si me pillaban. Florecen una vez al año y celebro una fiesta, son caras de ver, pero persisten en su intento.












