dilluns, 4 de setembre del 2017

Terapia

Sabes que el día va a ser raro cuando recibes una llamada de Antena3 proponiéndote participar en un programa de terapia de pareja, y lo peor es que no sabía si colgar o hacer preguntas, porque tenía muchas, pero con la edad me he vuelto comedida y muy educadamente he contestado que no, gracias. ¿En serio alguien se va a prestar a sacar todos sus trapos sucios en antena? Por muy mal que vaya la cosa, no sé yo, porque el roncador y yo lo llevamos bastante bien, en parte porque es un santo varón, de una bondad infinita; y en parte porque a veces vale más no remover mucho la mierda (ahí mi sabiduría infinita y sin tapujos).


En fin, que Telefónica le da mi teléfono a todo quisqui, para que luego me metan el rollo de la protección de datos. El que se inventó esa normativa sí que tendría que ir al programa de parejas, a ese o a alguno de busco pareja porque mi madre ya no me aguanta en casa por pesado. Si el otro día en el médico no me querían hacer el justificante porque decían que incurría con la protección de datos, y con mi nómina a fin de mes también, ¡venga ya!

diumenge, 3 de setembre del 2017

Tentaciones

Ayer me descubrí observando a una chica en una pastelería, estaba muy delgada y se había pedido todo aquello que me apetecía comer, es decir, estaba viviendo mis deseos más oscuros en bollería a través de ella. Y de repente me di cuenta de que era yo hace unos 10 años y estuve tentada de avisarla, porque el cuerpo tiene memoria selectiva y el mío se acuerda de toda la Nutella y de cada una de las madalenas que me he comido, sobre todo en la zona del culo. Luego pensé que habría parecido una vieja gorda y chiflada, así que me ahorré la humillación y esbocé una sonrisa malévola.


Sí, ya sé, quién me manda a mí meterme en una pastelería, y lo voy a reconocer, me coloco con el olor a azúcar y a mantequilla, por eso este verano me he ido a París, no por los monumentos ni por nada tan chorra, por los cruasanes y por las crêpes sucrées.

dissabte, 2 de setembre del 2017

Bingo

Hace tanto que escribo este blog que a veces no recuerdo qué os he contado y qué no, así que haciendo gala de mi perezoso carácter, paso de mirarlo y rebuscarlo y si ya os lo he contado, pues señal de que me hago mayor y de que mi memoria todavía es peor de lo que era. 



Esta semana algo, vete a saber qué, me ha recordado a mi madre diciéndome: "Los 18 solo te sirven para votar y para jugar al bingo, nada más". Así que con la mayoría de edad ejercí esos mis derechos otorgados por mi madre, y ninguno más. Y gané (con el primero nada más que ejercer mi derecho a voto, que no es poco), con el segundo fui al bingo y jugué mi primer cartón, gané 13000 pesetas (no os lo calculo en euros por lo de la carestía de vida, no sería real). Como soy muy miedosa con el tema adicciones, acepté un segundo cartón -porque no me preguntaron si lo quería-, recogí mis cosas y fui a enseñárselo a mi madre, un poco como venganza por tenerme tan atada al yugo materno (aunque fuera para mi bien). Para vuestra información, porque sé que hay mucho cotilleo, nunca más he vuelto a entrar en el Bingo, a pesar de que una de mis mejores amigas es crupier en un casino.

divendres, 1 de setembre del 2017

Colonización

Definitivamente, el problema de las hormigas está llegando a límites insospechados, no solo están constantemente intentando colonizar mi jardín, ahora resulta que también lo han intentado con la Dama de Elche, y parece que como mínimo una de ellas ha conseguido traspasar la seguridad del museo arqueológico. Malas lenguas hablan de una biznieta de la hormiga atómica, pero eso todavía se está por confirmar.


Hasta ahora mi peor temor era que las cucarachas, esas eternas supervivientes, se hicieran con el poder en el mundo... empiezo a sospechar que el peligro real son las hormigas, mucho más organizadas e inteligentes.

dijous, 31 d’agost del 2017

Back to School

La entrada de hoy tiene un contenido muy triste e incluso de autoayuda: mañana vuelvo al trabajo. Lo cierto es que lo que voy a decir va a herir gravemente la sensibilidad de algunas personas, y es que tengo unas ganas terribles de empezar. Tal como os conté, creo que una única vez, porque no suelo hablar aquí de mi profesión, soy profesora; y creo que lo hice porque había tenido un conflicto entre mis dos grandes amores y especialidades: la lengua y la educación especial. Hace un par de años renuncié a mi plaza, no porque no me encantara, fue más un desgaste físico y emocional, bastante relacionado con la forma que tiene de tratar este gobierno la educación especial y, por supuesto, con cómo llevaba el centro mi superiora (suena a monja, ¿no?). Fue una decisión difícil anímicamente, muy dura también económicamente, y que ahora, con perspectiva, me alegro de haber tomado. 


Pues bien, en el centro de secundaria donde durante este curso me he dedicado a pervertir mentes poco maduras con versos de Lope, Ruben Darío o Gabriela Mistral; me han contratado para volver a las trincheras, aunque a pequeña escala, en lo que normativamente se mal llama USEE (unidad de apoyo a la educación especial) y que se ha rebautizado como Aula de impulso, porque la semántica es muy importante. ¿Por qué he cambiado de opinión? Conozco el centro, mi equipo es el mejor del mundo y nos compenetramos muy bien, ¡y porque me va la marcha, marcha! Sé que en un par de meses estaré deseando matar a algún adolescente "soy rebelde porque sí", pero ahora mismo estoy animada, relajada y entusiasmada.

dimecres, 30 d’agost del 2017

Psicosis

El roncador hoy me ha hecho darme cuenta de algo preocupante. Estoy obsesionada con comprar tijeras, por lo menos tengo 30 tijeras repartidas por la casa, ya sean de podar, para la cocina o para papel. Y lo peor es que estoy convencida de que si veo otras estaré tentada de quedármelas. Me pasa lo mismo con los cuchillos, pero eso se ve que lo tengo más controlado, porque tengo los justos y necesarios.


Y el caso es que yo creo que las he utilizado todas alguna vez en mi vida... y lo peor es que siempre me han dado algo de miedo tanto tijeras como cuchillos, seguramente porque soy patosilla y ya he sufrido más de un accidente doméstico con esos utensilios en concreto... bueno, y con tenedores también, la verdad. Hace poco estuve tentada de comprarme un juego de cuchillos de cerámica, pero me eché para atrás, porque eso hubiese sido un genocidio de dedos, que me conozco y va a parecer una escena de Psicosis.

dimarts, 29 d’agost del 2017

Adictos que esperan

Hace unos días tuve que esperarme en una sala de espera por una prueba, cosas de rutina, nada grave. Como sabía que me pasaría como mínimo una hora allí me llevé todo el arsenal: libro, música, sudokus, botella de agua... en fin, que lo tenía todo para pasar el resto de mi vida allí, incluso unas galletitas. Ahí confirmé que lo mío es de psiquiátrico y que siempre voy preparada para el fin del mundo.



Y de repente me fijé en lo que hacía el resto de personas de la sala que, como yo, esperaban. Lo cierto es que pensé que hace unos diez años hubiera sido una escena perfecta para un thriller de miedo futurista: todos y cada uno de ellos tenía pegado en la mano el teléfono móvil, y la mayoría jugando a juegos estúpidos, no es que estuvieran resolviendo la ecuación que iba a salvar el mundo de la escasez de alimentos. El roncador dice que soy una exagerada, pero empieza a preocuparme que a nadie más le preocupe tanta adicción al móvil.
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