Joseph Campbell dijo que "el matrimonio es un suplicio": como era todo un erudito y estaba especializado en mitología y religión, pues no voy a ser yo la que lo contradiga, aunque tampoco fue muy original. Lo que pasa es que el tipo (ahí, todo un catedrático, sabes, un mindundi) lo debió de decir desde el punto de vista más de toma y daca, y no como tormento o tortura, aunque no acabo de tenerlo claro. A ver, no hace muchos años que estoy casada, pero coincido con él, es todo un currele.
Hace pocos días oí a una señora en televisión (sí, paso de información erudita a televisión, como si una de ellas fuera fuente fiable) que sabes que es para toda la vida cuando al charlar tranquilamente con esa persona es como oír la música más maravillosa del mundo, en resumen, cuando sintonizas al hablar. Eso me ocurría con el roncador hasta que lo maté, es broma, estoy en ello.
diumenge, 28 d’abril del 2019
divendres, 26 d’abril del 2019
No soy Información y Turismo
El pasado lunes era fiesta en muchos lugares del mundo, era el lunes de Pascua. Estaba sentada tranquilamente al lado de una iglesia, pura casualidad y más teniendo en cuenta que en cada población hay alguna, y un señor se me acercó y me preguntó a qué hora abría la iglesia, a lo que respondí que no tenía ni idea, pero que siendo fiesta tal vez no abriría. Pues mi interlocutor se marcó una disertación espectacular sobre que no entendía que una iglesia no abriera en tal celebración... yo le respondí que ignoraba completamente los horarios, que hasta ese momento pensaba que era una fiesta pagana, y que también los párrocos tendrán derecho a festivos.
Desde luego, hay gente para todo, porque si tanto le urgía rezar, a mí cualquier lugar me parecería bueno, aunque no sea para nada entendida en la materia. Me imagino que querría visitar el monumento, pero a mí me la traía al pairo su confrontación interna con los festivos de los funcionarios de la fe. A veces tengo la sensación de que llevo tatuada en la frente una gran T de oficina de turismo. A ver qué culpa tengo yo. Eso sí, el martes entré a visitarla, más por la sapiencia de que el transeúnte preguntón ya no podría hacerlo (malvada soy, y no me arrepiento).
Desde luego, hay gente para todo, porque si tanto le urgía rezar, a mí cualquier lugar me parecería bueno, aunque no sea para nada entendida en la materia. Me imagino que querría visitar el monumento, pero a mí me la traía al pairo su confrontación interna con los festivos de los funcionarios de la fe. A veces tengo la sensación de que llevo tatuada en la frente una gran T de oficina de turismo. A ver qué culpa tengo yo. Eso sí, el martes entré a visitarla, más por la sapiencia de que el transeúnte preguntón ya no podría hacerlo (malvada soy, y no me arrepiento).
dimecres, 24 d’abril del 2019
Dejen salir
Hay una cosa que me desquicia (bueno, varias): el tema de "dejen salir antes de entrar". A ver, es que el tren no se va a ir, no va a la velocidad de la luz, y menos los de RENFE (igual en otros países es así, aquí van lentitos). Entonces, por qué esas ansias de ponerse delante de la puerta e intentar subir antes de que me dé tiempo, siquiera de que yo ponga un pie en el peldaño para bajar. Igual es por coger sitio, no sé, o por mala educación (más probable), porque a las horas que subo yo en el tren, ya te digo que pueden elegir asiento, vagón y ventanilla.
Lo peor es que el que diseñó el vagón no tenía ni idea de accesibilidad. Sin ir más lejos, el otro día, tres personas presionándome para subir, yo intentando cogerme a la barra en modo contorsionista (porque eso es imposible: bajar y sujetarte, está muy atrás), así que hice lo único viable, les dije que o me ayudaban o me tiraba en plancha estilo concierto de Heavy metal y a ver quién era el guapo que se apartaba. Fue un poco vieja toca cojones, pero ya viene siendo eso, más por achaquitos que por edad, eso sí.
Lo peor es que el que diseñó el vagón no tenía ni idea de accesibilidad. Sin ir más lejos, el otro día, tres personas presionándome para subir, yo intentando cogerme a la barra en modo contorsionista (porque eso es imposible: bajar y sujetarte, está muy atrás), así que hice lo único viable, les dije que o me ayudaban o me tiraba en plancha estilo concierto de Heavy metal y a ver quién era el guapo que se apartaba. Fue un poco vieja toca cojones, pero ya viene siendo eso, más por achaquitos que por edad, eso sí.
dilluns, 22 d’abril del 2019
Ocupada
Mi madre es la mujer más ocupada que conozco, no sé si es porque es cierto o porque nació estresada, pero siempre que quedamos tiene que agendarme, y eso me da mucha risa, puesto que está jubilada. Su respuesta favorita suele ser: "Estoy muy ocupada". Y el caso es que me encanta saber que nuestros mayores tienen tanta oferta por elegir. Aunque si hablo con mi padre... eso es el ser más pasivo que habita la tierra, creo que llevaba toda la vida deseando echarse sus siestas y está preparando su entierro, con todos sus detalles.
Sin ir más lejos, el domingo de ramos, fecha que me parece destacable, aunque también era el día de la República (viniendo de él, seguramente fue lo segundo), volvió a llamarme para hablar de los invitados al entierro (es un no parar): no más de 20, y va a dejarme sus nombres en una agenda especial. Le he dicho que me anote los suplentes, porque igual sufrimos alguna baja, ya se sabe a su edad. A este paso voy a tener que alquilar a alguna plañidera. Ya ni hablemos del recordatorio que se da en forma de postal, estoy por ponerle un pequeño fragmento de La Internacional. A este paso, la que va a poner un pie en la tumba voy a ser yo, si no me vuelvo loca antes.
Sin ir más lejos, el domingo de ramos, fecha que me parece destacable, aunque también era el día de la República (viniendo de él, seguramente fue lo segundo), volvió a llamarme para hablar de los invitados al entierro (es un no parar): no más de 20, y va a dejarme sus nombres en una agenda especial. Le he dicho que me anote los suplentes, porque igual sufrimos alguna baja, ya se sabe a su edad. A este paso voy a tener que alquilar a alguna plañidera. Ya ni hablemos del recordatorio que se da en forma de postal, estoy por ponerle un pequeño fragmento de La Internacional. A este paso, la que va a poner un pie en la tumba voy a ser yo, si no me vuelvo loca antes.
dissabte, 20 d’abril del 2019
Panegírico
Como ya sé que os gusta muchísimo mi culebrón familiar y no puedo meterme con el roncador por sacramento matrimonial (eso iba con guasa, lo sabéis, ¿no?). De la muy preciada historia de mi padre en la que llamó a Pompas Fúnebres, al nuevo capítulo: "El panegírico". A pesar de que no hay ninguna prueba médica que lo corrobore, y después de 2 resonancias y varios análisis médicos (en él se va todo el presupuesto de la Seguridad Social), mi padre cree que se va a morir, algo que nos va a ocurrir a todos, pero parece ser que a él de forma inminente, así que lo está dejando todo preparado, es decir, me está dando órdenes para que yo lo deje todo preparado.
Hace pocos días me llamó para darme instrucciones sobre lo que debía decir en el discurso de alabanza durante el día de su entierro. Debido a razones obvias, me pareció una chorrada, pero ya he optado por no discutir y preferí rebatir su decisión afirmando que, como tengo un grave problema (probablemente psicológico, y seguramente como consecuencia de la familia que tengo), que consiste en que cuanto siento pena o dolor me pongo a reír de forma irrefrenable, le comenté que tal vez mi hermana, por una vez, puesto que adora hacerse ver y que la admiren, podría llevar a cabo tal loable tarea. No me sirvió de nada, puesto que a eso mi padre respondió que mi hermana no iba a ir al entierro (unas tanto y otras tan poco).
Tengo todo el discurso redactado, aunque cuando acabó de dictármelo le destaqué que igual, solo tal vez, ya que soy su hija, mencionar como mérito el hecho de ser padre igual sería algo a plantearse, a lo que respondió que mejor no. Pues nada, ahora solo falta saber qué me pongo, a ver si eso puedo elegirlo. Y como está rollo pitonisa, ya le he dicho a ver si afina la fecha, para no ponerme ningún otro compromiso ese día. Aunque teniendo en cuenta las fechas en las que estamos, a ver si vamos a vivir la resurrección de Cristo en el seno de mi familia (de aquí salgo directa al loquero).
Hace pocos días me llamó para darme instrucciones sobre lo que debía decir en el discurso de alabanza durante el día de su entierro. Debido a razones obvias, me pareció una chorrada, pero ya he optado por no discutir y preferí rebatir su decisión afirmando que, como tengo un grave problema (probablemente psicológico, y seguramente como consecuencia de la familia que tengo), que consiste en que cuanto siento pena o dolor me pongo a reír de forma irrefrenable, le comenté que tal vez mi hermana, por una vez, puesto que adora hacerse ver y que la admiren, podría llevar a cabo tal loable tarea. No me sirvió de nada, puesto que a eso mi padre respondió que mi hermana no iba a ir al entierro (unas tanto y otras tan poco).
Tengo todo el discurso redactado, aunque cuando acabó de dictármelo le destaqué que igual, solo tal vez, ya que soy su hija, mencionar como mérito el hecho de ser padre igual sería algo a plantearse, a lo que respondió que mejor no. Pues nada, ahora solo falta saber qué me pongo, a ver si eso puedo elegirlo. Y como está rollo pitonisa, ya le he dicho a ver si afina la fecha, para no ponerme ningún otro compromiso ese día. Aunque teniendo en cuenta las fechas en las que estamos, a ver si vamos a vivir la resurrección de Cristo en el seno de mi familia (de aquí salgo directa al loquero).
dijous, 18 d’abril del 2019
El miedo que habita en mí
Soy consciente de que parezco una loca asocial que no se hace con nadie. Pues eso: alguno de mis estimados vecinos le han comprado al niño, no uno, sino varios juguetes de los que hacen ruido. Y no son de esos estruendosos, algo que de normal les agradecería, son más estilo tíovivo y cajita de música, de esa que da miedo y que a cualquiera le recuerda a un parque de atracciones en decadencia, en el que habita el mal. Hasta aquí, mi solución pasa por tapones, esconderme, comprarme un arma... vaya, lo normal, teniendo en cuenta que supongo, espero y deseo que sea un niño, ¿por qué le han comprado esos juguetes?
Tengo que detectar el origen y robarle las pilas, la cuerda o bien rompérselo con un martillo, a cambio de una cuantiosa cantidad de dinero, que no soy tan cruel, y todos sabemos cuán poderoso es don dinero, por muy pequeño que sea el crío. Me pregunto por qué no le comprarán piezas de construcción de madera, o lo mandarán a un internado. Por favor, pónganles la sordina a sus hijos, o un cartelito de peligro. Bueno, a mí en realidad lo que me ha molestado son sus padres y lo que le compran... a no ser que lo que oigo en realidad sea el o un demonio, que viene a por mí.
Tengo que detectar el origen y robarle las pilas, la cuerda o bien rompérselo con un martillo, a cambio de una cuantiosa cantidad de dinero, que no soy tan cruel, y todos sabemos cuán poderoso es don dinero, por muy pequeño que sea el crío. Me pregunto por qué no le comprarán piezas de construcción de madera, o lo mandarán a un internado. Por favor, pónganles la sordina a sus hijos, o un cartelito de peligro. Bueno, a mí en realidad lo que me ha molestado son sus padres y lo que le compran... a no ser que lo que oigo en realidad sea el o un demonio, que viene a por mí.
dimarts, 16 d’abril del 2019
La comodidad
Cuando llego a casa lo primero que hago es ponerme cómoda, y no al estilo monísima con un negligé estupendo, no, no, con pijama estilo franela y bata de lunares, porque eso sí que es comodidad, y no un trapito minúsculo con el que tendría frío incluso en verano. Si bien es cierto que el concepto de comodidad no es el mismo para todos, estoy convencida de que esto no es discutible.
En esas horas bajas, en las que no me importa nada más que mi sofá y el mando de la tele, me doy cuenta de que me quedo en electroencefalograma plano, en absoluta muerte cerebral, de la que disfruto hasta el punto de que algun día incluso habré babeado un poco. En ese punto, no tengo inquietudes ni deseos, extraño concepto de felicidad: la estupidez. Dicen que el saber ocupa lugar, pues vivir en la inopia debe de ser una delicia.
En esas horas bajas, en las que no me importa nada más que mi sofá y el mando de la tele, me doy cuenta de que me quedo en electroencefalograma plano, en absoluta muerte cerebral, de la que disfruto hasta el punto de que algun día incluso habré babeado un poco. En ese punto, no tengo inquietudes ni deseos, extraño concepto de felicidad: la estupidez. Dicen que el saber ocupa lugar, pues vivir en la inopia debe de ser una delicia.
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