Durante años me las vi con las orugas, y ahora el roncador me confirma que acabé con ellas fulminantemente, que este año las plantas no han sufrido plagas. Claro, estaban esperando a que me fuera de casa para abandonarla también ellas, seguro que me están buscando. Luego, mientras estuve en el piso alquilado, decidiendo qué hacía con mis cosas, tuve el ataque de ese tipo de hormigas minúsculas, de esas que no las matas ni a golpes; y el caso es que al final lo conseguí por persistencia y gracias a un gel maravilloso, y lo peor es que habría sido capaz de convivir con ellas, pero atacaban la comida de Gata, y con eso no se juega (incluso un tiempo rodeé el cuenco con canela y la rodeaban, parecía magia y encima olía bien). Y algun día os contaré lo de la rata, que se me comió el limonero entero, la muy jarta (pero eso ya pasó).
Y vamos a peor. En el nuevo edificio no solo hay terribles vecinos, resulta que hay una plaga de cucarachas mutantes a las que he tenido a raya; hasta ahora, que mi superheroína GATA vio que intentaba entrar una y la fulminó con su superpoder felino, o sea, que estuvo jugando con ella hasta que murió (y yo que pensaba que dominarían el mundo porque sobrevivirían al fin de todo lo conocido; pero van a ser los gatos).






