diumenge, 19 de maig de 2019

Sufrir en silencio

Ayer una chica se cayó delante de mí en las escaleras, fui a ayudarla, pero ni siquiera se percató de ello, se levantó de una revolada, sin magulladuras ni signos de dolor, como si fuera de goma, e hizo caso omiso a mis palabras (entre que hablo bajito y que van todos con auriculares, la comunicación es cada vez más difícil). Lo digo claramente, me sentí viejuna. Llego a ser yo y tienen que pedir una grúa para poder levantarme; si bien es cierto que no hace mucho que me operaron, ni siquiera a su edad me hubiera levantado tan rápidamente. Me dio cierta envidia.


Venía de rehabilitación, y no esas chorradas en las que te ponen debajo de una máquina y por experiencia no te hace nada: hacemos gimnasia postural. Tengo agujetas diarias, pero funciona. En clase casi todos estamos operados, así que somos conscientes de que a todos nos duele algo, no protestamos, hacemos tanto como podemos y la profesora nos va corrigiendo uno a uno (somos muy poquitos). Pues esta semana ha llegado una nueva alumna, a cada movimiento parece que la vayan a matar y no puedo evitar pensar que los que menos se quejan son los que realmente sienten dolor (aunque ya sé que el dolor no se puede medir y que cada uno lo vivimos de manera distinta), pero cuando ves que una chica de 25 años, de los cuales se ha pasado desde los 18 con muletas, no abre la boca, sabes que la otra está haciendo puro teatro. Aunque también ayuda que la profesora nos pone límites a todos menos a ella, y eso nos hace sabedores de que, física y objetivamente, lo nuestro es más grave. En resumen, se palpa la manía que le hemos cogido, si fuera un colegio la llamaríamos llorica y seríamos acusados de Bullying: por fortuna, nos controlamos, aunque no nos faltan ganas.

5 comentaris:

  1. Siempre hay alguna teatrera.
    Besos

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  2. sí, eso suele pasar. cuando alguien se queja mucho de cualquier cosa, uno tiende a pensar: "menos lobos, caperucita". el que verdaderamente lo pasa mal, no lo dice.

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  3. El dolor es algo relativo. Un beso

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  4. Yo tengo una de esas quejicas en clase y son un peñazo. No se cura porque se ha amarrado a la lesión, no porque no tenga arreglo. Es cuestión de actitud. Hay otra chica que entró hace un tiempo con la misma dolencia y a día de hoy está muy recuperada. La diferencia es clara: una entró con ganas de superarlo, de trabajar, y de no esconderse tras un dolor para llamar la atención, y la otra no sale del "me duele".
    Besos!

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  5. Me parece super interesante lo de la educación postural.
    Un besito.

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