dissabte, 16 de març de 2019

El dulce aroma del amor

Sé que suena a enferma mental, pero esta mañana me he dado cuenta de que me gusta cómo huele la caca de mi gata... Bien, soy consciente de que huele fatal, pero me satisface saber que su tracto urinario y fetal funcionan bien. Una vez un compañero psicólogo al que admiro mucho me contó que el mejor regalo que puede hacerle un bebé a sus padres son sus heces, me pareció macabro, pero por fin lo entiendo, comprendo a esos padres que, asombrados, admiran la caquita de su descendencia, y te lo cuentan, tal cual (mientras no haya documentación gráfica, me parece bien).


En cuanto al olor, ya es otro cantar. Sé perfectamente qué come, pero lo que pasa en su interior para que exude ese terrible hedor es casi bíblico, para mí que el infierno existe y está en su interior, así es como debe de oler ese espacio del Mal. Y lo peor es que me evoca a Quevedo: "pues tan presto bajó el miedo los yantares a las ancas!" (en Los infantes de Carrión).

4 comentaris:

  1. Aquí la fiera pequeña sabe que lo suyo huele tan mal que sale corriendo según termina.
    Besos!

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  2. Jajaja, me hizo gracia tu texto y me gusto, una mezcla entre el amor por tu gata y su olor horror...


    Un abrazo. : )

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  3. NI te cuento a qué huelen los pedos de Betty. Yo la quiero mucho y no quiero que tenga gases, pero que se los eche en la terraza, contra! Jajaja
    Besitos.

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