dimarts, 12 de març de 2019

La visita al urólogo

Ayer acompañé al roncador al urólogo, ese especialista al que casi todos los hombre parecen tenerle miedo, como si les fuera a robar la virilidad o el alma. Así que el ambiente estaba caldeado y los nervios a flor de piel. Una vez dentro el médico nos dijo que no debíamos preocuparnos, no os cuento el motivo de la visita porque en realidad no tiene demasiada importancia, lo sorprendente fue cuando mi marido sacó un seminograma (una prueba en la que se mide la cantidad y la calidad del semen). El médico no paraba de preguntar (igual que yo en mi fuero interno) si pensábamos tener hijos, a lo que ambos negábamos con la cabeza. Y no fue hasta que no salimos que expresé en alto mi inquietud: ¿Para qué te has hecho esa prueba?


Ya os digo que el urólogo no se parecía a este, pero me apetecía recrear la vista.

Y después de jugar al despiste conmigo, y os puedo asegurar que eso lo hace la mar de bien, tanto que he estado tentada varias veces de comunicarme con la CIA para que lo contraten, porque en los servicios secretos causaría furor, me contestó que era por comparar con otro seminograma que se hizo hace años. ¡Por comparar! Como el que compara la calidad del agua, el peso que indica la báscula cada mañana, no sé, algo muy normal.


Yo acababa de salir de una consulta, llena de dudas matrimoniales, y todavía sorprendida porque una de las recomendaciones del urólogo había sido que yo le rasurara sus partes al roncador, todo muy surrealista, y a lo que aceptaría encantada si él me depilara las piernas (puestos a hacer cosas raras). Y entonces le pregunté al roncador si es que sospechaba que había dejado embarazada a alguna otra mujer, porque lo de la comparación no me acababa de cuadrar. La respuesta tampoco me dejó tranquila: "Claro que no, pero me ha entrado por Twitter una francesita". ¡¿Y estás comprobando si todavía eres fértil para tener vástagos que hablen francés?! Y ahí se rió y me dejó algo inquieta. Si no fuera porque sé que solo pensar en el hecho de iniciar una relación con otra persona que no sea yo le da una pereza enorme, creo que me habría puesto algo a la defensiva.

4 comentaris:

  1. Jajajaja Después las impredecibles somos nosotras, ahí es nada.
    Besitos.

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  2. ¡Mira tu que curioso tu marido! jajajaj
    Besos

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  3. He leído muchas maneras de poner celosa a la pareja, pero esta es curiosa, mucho. Pon a enfriar una botellita de cava y celebrale su ocurrencia

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  4. sólo se me ocurre una manera de extraer una muestra de semen, y en mi colegio la considerarían pecado. 3:)

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